
La central termoeléctrica Antonio Guiteras, la mayor y más importante planta de generación eléctrica de Cuba, volvió a presentar problemas técnicos durante un intento de reinicio realizado esta semana, en medio de una crisis energética que mantiene a amplias zonas del país bajo largos apagones diarios.
En este panorama y a pesar de haber detectado una fuga en la central, el régimen prometió echar a andar nuevamente la generadora, consciente de que Cuba no puede prescindir de sus servicios si no quiere saturar el resto del sistema eléctrico nacional (SEN).
Según información divulgada por medios oficiales, especialistas intentaron poner nuevamente en funcionamiento la planta durante la madrugada del miércoles 10 de junio después de varios días fuera de servicio por una avería en la caldera.
Sin embargo, durante las pruebas detectaron una fuga que obligó a interrumpir el proceso y realizar nuevas reparaciones antes de intentar otra sincronización con el sistema eléctrico nacional.
Las autoridades mantienen la previsión de incorporar la unidad al sistema, aunque la central operaría inicialmente con apenas 100 megavatios (MW), menos de la mitad de la capacidad para la que fue diseñada, que supera los 200 MW.
La situación vuelve a poner en evidencia la fragilidad de una instalación considerada clave para la generación eléctrica del país. La Guiteras aporta habitualmente una parte significativa de la electricidad nacional y su salida de servicio suele provocar un deterioro inmediato en los niveles de generación disponibles.
Durante los últimos meses, la planta ha registrado constantes fallas técnicas y paradas no programadas. Solo recientemente, su caldera ha acumulado más de una decena de averías, reflejo del desgaste de una infraestructura que opera desde finales de la década de 1980 y que ha funcionado durante años con limitadas inversiones y reparaciones parciales.
El Gobierno cubano ha reconocido en varias ocasiones la necesidad de ejecutar un mantenimiento profundo en la instalación, que ha calificado de “impostergable”.
Sin embargo, ese proceso ha sido aplazado repetidamente debido a la dependencia del sistema eléctrico nacional respecto a la energía que produce la central.
Las autoridades han llegado a describir esas labores como un mantenimiento impostergable, aunque hasta ahora no han podido ejecutarlo de manera integral por temor a agravar aún más el déficit energético.
Mientras persisten las dificultades en la Guiteras, la Unión Eléctrica prevé una demanda cercana a los 3.000 megavatios durante los horarios de mayor consumo, frente a una disponibilidad que apenas supera los 1.100 megavatios, un tercio de lo necesario para mantener funcionando el país.
Las estimaciones oficiales dependen además de la incorporación de otras unidades generadoras que también han sufrido retrasos o problemas técnicos.
El panorama se agrava por la salida de servicio de varias termoeléctricas debido a averías o mantenimientos.
A ello se suman limitaciones en la generación distribuida por falta de combustible y la paralización de otras instalaciones que funcionan con fuel oil o mediante las conocidas patanas eléctricas.
La combinación de equipos envejecidos, escasez de combustible y décadas de insuficiente inversión ha contribuido al deterioro progresivo del sistema eléctrico cubano. Como consecuencia, numerosas provincias enfrentan apagones que en algunos territorios superan las 20 horas diarias.
El malestar social también ha aumentado. En distintas localidades se han reportado protestas y cacerolazos relacionados con los cortes eléctricos, una situación que refleja el impacto de la crisis energética sobre la vida cotidiana de millones de cubanos.

