
Tito, Eva y Choco, tres perros labradores entrenados para localizar víctimas, ya trabajan en Venezuela como parte de la Brigada Especial de Salvamento y Rescate enviada por Cuba tras los terremotos que golpearon siete regiones del país.
Periódico Cubano confirmó a través de redes sociales que los animales llegaron acompañados por especialistas y equipos tecnológicos para incorporarse a la búsqueda de personas atrapadas entre estructuras colapsadas, especialmente en el estado de La Guaira.
La misión cubana arribó el domingo, cuando el balance oficial ascendía a 1.450 fallecidos y 3.150 heridos. El contingente fue recibido por el embajador de Cuba en Caracas, Jorge Mayo; el jefe del Grupo de Trabajo Nacional, Víctor Gaute; y el vicecanciller venezolano para América Latina, Mauricio Rodríguez, además de autoridades civiles y militares.
Tito, Eva y Choco se han convertido en uno de los rostros más visibles del despliegue cubano. Los tres canes fueron preparados para desplazarse entre ruinas inestables, ignorar ruidos intensos y concentrarse en los olores humanos que escapan por grietas, conductos y espacios vacíos bajo los escombros.
Los perros de búsqueda urbana no localizan personas mediante una “huella” concreta, como ocurre en algunos rastreos policiales. En escenarios de derrumbes trabajan principalmente con olor humano transportado por el aire. Su olfato puede captar partículas procedentes de la respiración, la piel, el sudor y otros rastros biológicos que atraviesan pequeñas aberturas.

Durante el entrenamiento, los animales aprenden a asociar el hallazgo de una persona con una recompensa, generalmente un juguete o una sesión de juego. Los instructores esconden voluntarios en túneles, cajas, montículos de concreto o estructuras simuladas. Cuando el perro detecta olor humano, debe señalar el punto mediante ladridos persistentes u otra conducta previamente establecida.
La preparación también incluye obediencia, agilidad, equilibrio y tolerancia a superficies peligrosas. Los canes deben subir escaleras, caminar sobre metal, madera o concreto roto y atravesar zonas oscuras sin perder la atención. Además, trabajan siempre junto a un guía capaz de interpretar cambios en su respiración, postura y movimientos.
Los labradores figuran entre las razas utilizadas con frecuencia en búsqueda y rescate por su capacidad de aprendizaje, resistencia y facilidad para trabajar junto a un guía. No basta con un buen olfato: cada binomio debe entrenarse y evaluarse periódicamente.
Una vez marcado un posible hallazgo, los rescatistas utilizan cámaras, radares, sonares o equipos de escucha para confirmar la presencia de una víctima y determinar cómo acceder hasta ella sin provocar nuevos derrumbes. Cuando es posible, otro perro revisa el mismo sector para reforzar la señal antes de iniciar una excavación.
La brigada cubana también trasladó herramientas de corte, presión y apuntalamiento. Algunos de sus integrantes participaron en operaciones posteriores a la explosión del Hotel Saratoga, el accidente aéreo de 2018 en La Habana y el incendio de la Base de Supertanqueros de Matanzas.
La respuesta internacional reunía inicialmente a 2.624 rescatistas, 137 perros especializados, 49 vehículos y más de 84 toneladas de equipos e insumos. Equipos de Estados Unidos, México, Brasil, El Salvador, Francia, España y otros países también trabajan contra el tiempo.
La delegación estadounidense incluye dos equipos de rescate urbano, cada unidad estadounidense cuenta con alrededor de 80 bomberos, médicos, ingenieros estructurales y especialistas preparados para intervenir en edificios derrumbados. Asimismo, transportaron perros entrenados y recursos técnicos para localizar sobrevivientes.

