
Una nueva tendencia está surgiendo en Santiago de Cuba para cubrir las carencias producto de la crisis energética que atraviesa el país: la fabricación de carbón casero.
Mientras en las tiendas del Estado el costo del carbón vegetal sigue en aumento, siendo la única alternativa para cocinar entre la escasez de gas licuado –con un precio inasequible cuando se encuentra disponible- y los apagones que imposibilitan el uso de una estufa eléctrica, la población ha encontrado una manera de salir adelante.
La situación obliga a muchas familias a buscar alternativas improvisadas, con lo que una de las soluciones que está ganando terreno en la Isla es la fabricación de carbón por cuenta propia para consumo familiar o para venderlo, según reportó Diario de Cuba.
La subida ocurre en un escenario donde el sistema eléctrico continúa registrando fuertes déficits de generación y extensos cortes de energía.
En numerosas zonas del país, los apagones superan las 12 horas diarias y en algunas provincias pueden acercarse a las veinte horas o más, lo que limita el uso de cocinas eléctricas y deja a miles de hogares sin una forma estable de preparar alimentos.
A eso se suma la escasez prolongada de gas licuado. Durante meses, numerosos cubanos han denunciado dificultades para comprar cilindros o recargar el servicio, una situación que ha llevado a muchas familias a regresar a métodos de cocción que habían dejado atrás hace años.
En Santiago de Cuba y otros territorios han comenzado a aparecer hornos artesanales levantados cerca de viviendas y edificios residenciales. Vecinos utilizan madera recogida de árboles caídos o restos vegetales para producir carbón y cubrir necesidades básicas que no pueden resolver por otras vías.
En algunos casos, personas sin experiencia previa han aprendido por necesidad. Residentes explican que producir carbón se ha convertido en una opción para enfrentar los problemas diarios y también para obtener ingresos adicionales en un momento en que los precios de ese combustible continúan aumentando y los salarios no alcanzan.
Los costos muestran el impacto que ha tenido esta situación sobre la economía doméstica. Un saco de carbón promedio contiene cinco latas con un costo total de 4.000 pesos (a 800 pesos la lata), una cantidad que casi duplica el salario mínimo.
Siendo una parte considerable de los ingresos mensuales de una familia y muchos compradores optan por compartir gastos entre vecinos para poder adquirirlo.
La crisis también refleja un fenómeno que se ha repetido durante años en Cuba. Ante la falta de recursos o servicios básicos, gran parte de la población ha tenido que desarrollar soluciones propias para resolver necesidades cotidianas.
Cocinas improvisadas, equipos reparados con piezas adaptadas y métodos alternativos para obtener combustible forman parte de una práctica común entre los cubanos.
Familias han construido fogones con bloques, metal reciclado y materiales recuperados para cocinar durante largos periodos de apagones.
Mientras el gobierno continúa promoviendo programas energéticos y anunciando planes para estabilizar el sistema eléctrico, muchas personas siguen dependiendo de soluciones creadas por ellas mismas para cubrir necesidades básicas.
Para miles de hogares, cocinar dejó de ser una actividad cotidiana y pasó a convertirse en un problema que debe resolverse día tras día.

