
Las hoteleras Iberostar y Barceló también confirmaron el cese total de sus operaciones en Cuba, pocas horas después de que Meliá anunciara su retirada definitiva de la Isla a partir del 24 de julio.
Las decisiones marcan el fin de más de tres décadas de fuerte presencia de las principales cadenas hoteleras españolas en el mercado turístico cubano. Fuentes de Iberostar y Barceló confirmaron dicha decisión al diario ABC.
Barceló únicamente tenía bajo su administración dos establecimientos en el territorio cubano: Barceló Solymar en el balneario de Varadero y el Occidental Arenas Blancas.
Por su parte, Iberostar había suspendido en junio la gestión de 12 de sus 18 instalaciones ante el riesgo de recibir sanciones de Estados Unidos por los vínculos de esos establecimientos con el Grupo de Administración Empresarial S.A. (Gaesa), conglomerado controlado por las fuerzas armadas cubanas.
Los seis hoteles restantes continuaron funcionando durante varias semanas, hasta que la compañía decidió incorporarlos al repliegue después de que la Administración de Donald Trump ampliara las restricciones contra compañías vinculadas con el Ministerio de Turismo de Cuba.
“IberostarCuba Hotels & Resorts confirma que ya no opera ni comercializa ningún hotel en Cuba. La compañía continúa apoyando a sus equipos durante esta etapa, manteniendo su compromiso con la proyección futura del país”, señalaron fuentes de la empresa de la familia Fluxà.
La confirmación de Iberostar y Barceló, consultada por Periódico Cubano, se produjo después del anuncio realizado este martes por Meliá, la cadena española con mayor presencia histórica en el sector turístico cubano.

Meliá informó al mercado que su filial portuguesa, Ilha Bela Gestao e Turismo, concluirá el próximo 24 de julio todos los servicios de gestión y comercialización hotelera relacionados con sus establecimientos en Cuba.
La decisión incluye también la interrupción del uso de sus marcas, los servicios receptivos y la cadena de suministro local vinculada al abastecimiento de las instalaciones. En junio, Meliá había anunciado previamente que dejaría de trabajar con 15 de los 24 hoteles que administraba en la isla.
Esos establecimientos estaban presuntamente relacionados con Gaesa, lo que exponía a la empresa a posibles medidas punitivas por parte de Washington. La compañía indicó ahora que se encuentra evaluando las consecuencias financieras de su salida, incluida una eventual revisión del valor contable de sus operaciones cubanas.
El impacto deberá aparecer reflejado en las cuentas del primer semestre de 2026. La retirada simultánea de Meliá, Iberostar y Barceló representa un fuerte golpe para el régimen cubano, cuya industria turística depende en buena medida de empresas extranjeras para la gestión, promoción y comercialización internacional de sus hoteles.
Las cadenas españolas administraron durante décadas una parte considerable de la capacidad hotelera de la isla, en asociación con entidades estatales y militares. Su salida ocurre mientras el turismo cubano enfrenta una profunda crisis, marcada por la caída del número de visitantes, los apagones, la escasez de alimentos y el deterioro de los servicios.
Representantes de Meliá, entre ellos su presidente y consejero delegado, Gabriel Escarrer Jaume, habrían viajado a La Habana para concretar la retirada. La delegación también buscaría negociar el pago de más de 50 millones de euros que la parte cubana adeuda a la compañía y que permanecen estancados en el sistema bancario nacional.

