
El médico y científico cubano Wilfredo Torres Iribar, reconocido por su contribución al desarrollo de la hematología y el laboratorio clínico en la Isla, murió a los 93 años, según informaciones difundidas este jueves por la Academia de Ciencias de Cuba.
Torres Iribar nació el 19 de junio de 1933 en Guantánamo. Durante más de seis décadas, trabajó en la investigación, la docencia y la atención médica, además de participar en la creación y dirección de instituciones científicas cubanas.
La información sobre su fallecimiento no precisó la causa, el lugar ni la fecha exacta de la muerte. El doctor José Luis Aparicio Suárez expresó desde Santa Clara su pesar por la pérdida del especialista.
Una trayectoria ligada a la ciencia cubana
Torres Iribar era Doctor en Ciencias y en Ciencias Médicas, especialista de Segundo Grado en Laboratorio Clínico, Investigador Titular y Profesor Titular de la Universidad de La Habana.
También fue uno de los fundadores del Instituto de Hematología e Inmunología, institución dedicada al diagnóstico, tratamiento e investigación de enfermedades relacionadas con la sangre y el sistema inmunitario.
En 1966 asumió la dirección del Centro Nacional de Investigaciones Científicas. Más adelante ocupó la presidencia de la Academia de Ciencias de Cuba y encabezó el Grupo Nacional de Laboratorio Clínico del Ministerio de Salud Pública.
El especialista ejerció además como profesor consultante del Hospital Clínico Quirúrgico Hermanos Ameijeiras, donde intervino en la formación de médicos y en el desarrollo de procedimientos vinculados con la hematología.
Pionero del trasplante de médula ósea
Uno de sus principales aportes fue la introducción del trasplante de médula ósea en Cuba. Torres Iribar participó en más de 50 intervenciones de este tipo, utilizadas para tratar enfermedades graves de la sangre y determinados padecimientos oncológicos.
Sus investigaciones abarcaron también la hemostasia, proceso mediante el cual el organismo controla las hemorragias. Ese trabajo contribuyó al desarrollo de métodos de diagnóstico y atención en hospitales y laboratorios del país.
Colegas y antiguos alumnos lo describieron como un profesor riguroso y exigente, pero comprometido con la formación ética de los profesionales. Su labor docente permitió preparar a varias generaciones de especialistas cubanos.
Reconocimientos y otras responsabilidades
Torres Iribar recibió la Orden Carlos J. Finlay, la Orden Frank País, la Orden del Sol del Perú y la Medalla por el aniversario 250 de la Universidad de La Habana.
También participó en la organización del vuelo del primer cosmonauta cubano y presidió la comisión encargada de redactar la Ley del Medio Ambiente.
Su legado permanece en las instituciones que ayudó a fundar, en las investigaciones que promovió y en los profesionales que formó. Su muerte representa una pérdida relevante para la historia de la medicina y la ciencia cubanas.

