
Una nueva investigación científica sobre la contaminación por mercurio en las costas de Cuba identificó a la Bahía de La Habana y al río Sagua la Grande, en Villa Clara, como dos focos de contaminación extrema y alto riesgo ecológico.
El estudio, titulado Spatial distribution of mercury in sediment from coastal environments around Cuba, fue publicado online el 25 de agosto de 2026 en la revista científica Applied Geochemistry. Sus autores analizaron sedimentos superficiales procedentes de 15 ecosistemas costeros cubanos para determinar la presencia de mercurio y evaluar su posible impacto ambiental.
Las concentraciones registradas oscilaron entre apenas 0,001 y 16,5 miligramos de mercurio por kilogramo de sedimento, una diferencia enorme que permitió encontrar desde áreas prácticamente no contaminadas hasta sitios clasificados como severamente afectados.
Bahía de La Habana entre los principales focos de mercurio en Cuba
Los investigadores calcularon un nivel de fondo geoquímico de 0,090 ± 0,059 mg/kg para los sedimentos marinos analizados. A partir de esa referencia y de distintos indicadores internacionales de riesgo ambiental, determinaron que la Bahía de La Habana y Sagua la Grande sobresalen claramente sobre buena parte de los demás ecosistemas estudiados.
En ambos lugares se registraron valores extremadamente elevados del denominado Factor de Contaminación y frecuentes niveles superiores al PEL, siglas en inglés del “nivel probable de efecto”, un umbral utilizado para identificar concentraciones de contaminantes asociadas con una mayor probabilidad de efectos adversos sobre organismos acuáticos.
En el caso de La Habana, el estudio relaciona el problema con décadas de presión urbana e industrial sobre la bahía. La contaminación de esta zona no es un fenómeno desconocido: en 2018 entró en funcionamiento una planta destinada a reducir la contaminación que llegaba a la Bahía de La Habana a través del río Luyanó.
La actividad industrial continúa siendo una característica importante del entorno. En febrero de 2026, por ejemplo, se reportó un incendio en la refinería Ñico López, situada junto a la Bahía de La Habana. Sin embargo, el nuevo estudio no atribuye sus mediciones de mercurio a ese incidente específico.
Sagua la Grande arrastra una contaminación industrial de décadas
El otro punto crítico, Sagua la Grande, tiene antecedentes particularmente graves. Investigaciones anteriores publicadas en revistas como Chemosphere documentaron una fuerte contaminación por mercurio relacionada con una planta cloro-álcali que utilizó tecnología basada en celdas de mercurio desde comienzos de la década de 1980.
Un estudio de 2016 llegó a medir hasta 97 mg/kg de mercurio en sedimentos del río cerca de la instalación industrial y consideró algunas zonas “fuertemente contaminadas” o “extremadamente contaminadas”. El trabajo publicado ahora confirma que el problema sigue dejando una huella ambiental considerable en este ecosistema del norte de Villa Clara.
Los autores del nuevo análisis desarrollaron además un Índice Compuesto de Vulnerabilidad Ambiental (CEVI), diseñado para relacionar las concentraciones de mercurio con factores como la actividad industrial y la presión poblacional. El modelo mostró una asociación estadística muy fuerte entre ambos elementos.
¿Representa el mercurio encontrado un peligro para los habitantes?
El hallazgo demuestra un riesgo ecológico significativo, pero no significa por sí solo que los residentes de La Habana o Sagua la Grande estén expuestos directamente a las concentraciones encontradas. Las mediciones corresponden a sedimentos, no al agua potable ni a muestras de sangre, alimentos o tejidos humanos.
Tampoco permite afirmar que los pescados capturados actualmente en la Bahía de La Habana tengan concentraciones peligrosas de mercurio. Precisamente, los investigadores señalan que futuros estudios deberán analizar la especiación del metal y su bioacumulación, es decir, la posibilidad de que determinadas formas del mercurio pasen de los sedimentos a organismos acuáticos y posteriormente a la cadena alimentaria.
El mercurio es un contaminante persistente y algunas de sus formas, especialmente el metilmercurio, pueden acumularse en peces y mariscos. La Organización Mundial de la Salud considera este metal entre las sustancias químicas de mayor preocupación para la salud pública debido a sus posibles efectos, principalmente sobre el sistema nervioso.
El nuevo trabajo constituye una de las evaluaciones más amplias realizadas hasta ahora sobre la distribución del mercurio en ecosistemas costeros de Cuba y establece una referencia nacional que podría utilizarse para evaluar futuros cambios y el cumplimiento de los compromisos asumidos por el país bajo el Convenio de Minamata sobre el Mercurio.
