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“A dos apagones de tocar calderos”: ‘El tarifazo’, un teleplay que retrata el hartazgo cubano

El Tarifazo
El Tarifazo, teleplay cubano. (Captura de pantalla © MEDIA HAVANA TV – YouTube)

Un teleplay cubano de apenas 25 minutos ha logrado lo que pocos materiales audiovisuales producidos dentro de la Isla consiguen: volverse viral en redes sociales por tocar una fibra profundamente sensible del pueblo.

La escena más compartida muestra a “Miguel”, interpretado por el actor Bárbaro Marín, quien se desahoga frente al amigo de su hijo en la puerta de su casa. “Estoy a dos apagones de salir a tocar, quin can quin can, pongan luz, pongan agua, pongan gas, pongan todo”, dice, con una mezcla de resignación y rabia. La frase ha sido reproducida miles de veces porque resume el sentimiento de un país entero.

La producción, dirigida por Alberto Yoel García, gira en torno al más reciente golpe a la población: el llamado “tarifazo” de Etecsa, que volvió aún más inalcanzable la conexión a Internet.

El teleplay comienza con una reunión en la Universidad de La Habana, donde un grupo de estudiantes cuestiona a representantes de la empresa estatal. También muestra a una trabajadora de Etecsa asediada en plena calle por ciudadanos agotados que le exigen explicaciones. Aunque ella es solo una empleada, recibe el reclamo de quienes ya no tienen ni saldo, ni dinero, ni paciencia.

Pero más allá de las escenas que muestran la crítica directa al tarifazo, es el intercambio entre “Miguel” y “Alejandro” el que se ha robado la atención del público. Cuando el joven, con evidente ironía, suelta una frase sacada del libreto oficialista, “recuerde Miguel, que la obra debe continuar, y que en la firmeza de nuestras convicciones está la clave para enfrentar la escoria imperialista”, el rostro de Miguel se transforma y hasta le cierra la puerta en la cara.

La burla del muchacho y su posterior confesión “déjame pasar que estoy jugando” no alivian la frustración del personaje, que representa a miles de cubanos hartos del discurso vacío y de las promesas que nunca se cumplen.

El teleplay no es perfecto. De hecho, uno de sus puntos más débiles es el guion. Por momentos se siente forzado, con diálogos poco naturales y escenas que caen en la sobreactuación.

Algunas interpretaciones tampoco logran transmitir con fuerza la desesperanza que vive el pueblo. Sin embargo, sería injusto desechar el valor del contenido por sus carencias formales. La idea es poderosa, la intención es clara y el mensaje llega: los cubanos están cansados.

En un país donde decir lo que se piensa sigue siendo un acto de valentía, esta obra, con sus limitaciones, se atreve a mostrar la verdad sin rodeos. Puede que no rompa todos los moldes narrativos ni cinematográficos, pero lo que dice es importante.

Refleja la vida cotidiana, la falta de dinero en los cajeros, el miedo a hablar, los vecinos que escuchan y los que ya no aguantan más. Solo por eso, ya merece ser vista. Porque a veces, incluso desde dentro del sistema, se cuela una verdad que ni la censura puede tapar.

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