
Un joven cubano de 25 años, identificado como Andrés Ignacio Perea, enfrenta cargos graves en Miami-Dade tras colocar un dispositivo de rastreo en el vehículo de su expareja, violando una orden de alejamiento emitida en su contra.
Las autoridades confirmaron la titularidad del dispositivo, un Apple AirTag, gracias a una investigación que reveló que los últimos cuatro dígitos del número asociado al rastreador coincidían con los del acusado.
El caso salió a la luz tras un incidente de vandalismo ocurrido el 12 de octubre, cuando la víctima recibió una notificación en su teléfono sobre la cercanía del AirTag. Esto llevó a una revisión del vehículo, descubriéndose el dispositivo oculto en el guardabarros.
La víctima, quien había estado en una relación con Perea durante aproximadamente ocho años, ya había solicitado una orden de restricción por cinco años debido a conflictos anteriores con él.
Perea, consciente de las acusaciones en su contra, se entregó voluntariamente el pasado miércoles en la estación del Distrito Kendall. En el momento de su entrega, invocó su derecho a un abogado.
Actualmente, se encuentra detenido en el Centro Correccional Turner Guilford Knight, enfrentando no solo el cargo por el AirTag, sino también una acusación adicional por daños a la propiedad en un caso separado.
¿Qué es un Apple AirTag y cómo funciona?
El Apple AirTag es un pequeño dispositivo de rastreo que utiliza Bluetooth y la red Encontrar de Apple para localizar objetos personales, como llaves, mochilas o billeteras, en tiempo real. El rastreador emite señales que pueden ser detectadas por más de 2.000 millones de dispositivos Apple cercanos.
Si el AirTag se separa de su propietario, emite un sonido aleatorio para alertar a extraños y activar el Modo Perdido, lo que genera una notificación de la ubicación. Este dispositivo, aunque útil para localizar objetos perdidos, puede ser usado de manera ilegal, como en este caso, para seguir a una persona sin su consentimiento.
Consecuencias legales por violar una orden de alejamiento
Las violaciones de una orden de alejamiento en Estados Unidos son tomadas muy en serio y pueden tener consecuencias penales graves. Si una persona desobedece una orden de alejamiento, la policía puede arrestarla inmediatamente sin necesidad de una nueva orden.
En la mayoría de los casos, la primera violación se considera un delito menor y puede conllevar una pena de hasta un año de cárcel, además de una multa de entre $1.000 y $2.000 y libertad condicional.
Si la violación es recurrente o implica agresión física, el delito se clasifica como un crimen grave, lo que conlleva penas de hasta siete años de prisión y multas de hasta $10.000. Además, las violaciones graves pueden dar lugar a la pérdida de derechos, como el porte de armas, e impactar negativamente en el empleo y la vivienda.