
Unos 2.7 millones de uruguayos decidirán mañana domingo quién será el próximo presidente de su país. En la segunda vuelta se enfrentan Yamandú Orsi, del izquierdista Frente Amplio, y Álvaro Delgado, del oficialista Partido Nacional.
La primera ronda electoral, celebrada el 27 de octubre, dejó a Uruguay dividido en dos grandes bloques políticos. Orsi obtuvo el 43.94% de los votos, mientras que Delgado alcanzó el 26.77%.
Aunque parece una amplia diferencia, el candidato oficialista tendría más votos en el balotaje, al sumar apoyos clave de partidos de centro y derecha, como el Colorado, cuyo respaldo podría agregarle un 16% de votantes.
Las encuestas reflejan un escenario ajustado. Factum otorga un 47% a Orsi y un 45% a Delgado, mientras que Opción Consultores proyecta cifras similares con ligeras variaciones. Equipos Consultores, por su parte, reporta un mayor margen para los indecisos, estimados entre el 7% y el 8%.
Orsi, de 57 años, es profesor de Historia y fue intendente de Canelones entre 2015 y 2020. Conocido por su enfoque moderado, busca liderar un nuevo periodo para el Frente Amplio tras la derrota sufrida en 2019.
Delgado, veterinario de profesión, ha sido diputado, senador y secretario de la Presidencia durante el mandato de Luis Lacalle Pou. Este candidato promete continuidad al gobierno actual, enfatizando estabilidad y desarrollo económico.
El balotaje, introducido en 1999 tras una reforma constitucional, se activa cuando ningún candidato supera el 50% de los votos en la primera vuelta. Este domingo, 7.225 circuitos en los 19 departamentos del país estarán habilitados para recibir sufragios.
En Uruguay, el voto es secreto y obligatorio, salvo en elecciones primarias. Los circuitos se dividen en urbanos, rurales y accesibles, adaptados para personas con discapacidad. En algunos casos, el voto será observado simple, dependiendo de la ubicación y las condiciones de los electores.
La incidencia de los votos nulos o en blanco, que alcanzaron el 3% en la primera vuelta, agrega un elemento de incertidumbre al desenlace. “En Uruguay, los resultados electorales rara vez se definen antes de que los ciudadanos voten. El electorado mantiene un comportamiento pragmático”, analiza el experto en política Daniel Supervielle.
La referida nación, a pesar de la creciente polarización política en América Latina, conserva una destacada tradición democrática. Con más del 90% de participación en la primera vuelta, el país reafirmó su solidez institucional. “Esta elección no enfrenta la dicotomía entre un candidato antisistema y otro del establishment, sino a dos figuras con extensa trayectoria política”, resaltó Supervielle.