
Anna Sofía Benítez Silvente, conocida popularmente en redes sociales como Anna Bensi, nació en La Habana en 2005. Es una joven creadora de contenido, influencer y activista cristiana que ha ganado amplia notoriedad pública debido a sus posturas críticas frente a la situación política y social de Cuba.
Primeros años e incursión en el activismo digital
Aunque completó su formación académica, decidió no ejercer formalmente en el sector laboral estatal debido a las profundas limitaciones salariales y estructurales de la isla, optando por alternativas independientes.
Su salto a las plataformas digitales comenzó de manera convencional, enfocándose en videos de humor, música y aspectos cotidianos de la juventud cubana.
Sin embargo, ante la crisis multisistémica del país —marcada por apagones crónicos, escasez generalizada y falta de libertades—, su contenido dio un giro radical.
Presiones institucionales y ruptura laboral
El tono crítico de sus videos, en los que califica abiertamente al sistema de gobierno cubano como una dictadura y aboga por elecciones libres, la convirtió con rapidez en un blanco prioritario para los mecanismos de control estatal y la Seguridad del Estado.
Entre las tácticas de hostigamiento sufridas destacan:
Hostigamiento laboral: La presión institucional escaló hasta el punto de que los órganos de seguridad contactaron directamente a sus superiores en su centro de trabajo para indagar sobre sus publicaciones, motivando a Anna a renunciar de manera voluntaria para proteger a su entorno.
Acoso vecinal y censura cotidiana: Reportó constantes cortes de internet y llamadas de advertencia, además de tensiones con vecinas afines a las estructuras gubernamentales que la amenazaron con denunciarla por cuestiones menores en medio de las crisis energéticas del país.
El conflicto legal y el juicio (2026)
El punto crítico en la vida pública de Anna Bensi se desencadenó a raíz de un incidente ocurrido en el reparto Alamar, en el municipio de La Habana del Este.
Un suboficial del Ministerio del Interior (MININT), que vestía de civil, se presentó de forma intimidatoria en su vivienda particular con la intención de entregar una citación formal de la Seguridad del Estado.
Ante esta situación, Anna y su madre, Caridad Silvente, decidieron grabar la presencia del agente con sus teléfonos celulares para resguardar su seguridad y documentar el hecho, difundiendo posteriormente las imágenes en redes sociales.
A raíz de esta publicación, el funcionario interpuso una querella formal argumentando la presunta violación de su intimidad y el temor a la exposición de su identidad, amparándose en normativas orientadas a sancionar la difusión digital de contenidos que involucren a funcionarios (figuras agravadas en el marco penal digital cubano).
El proceso judicial y la condena
El caso culminó en un juicio celebrado en el Tribunal Municipal Popular de La Habana del Este. La jornada estuvo marcada por un fuerte despliegue policial, restricciones de conectividad en los alrededores del tribunal y muestras de solidaridad ciudadana.
Cerca de treinta representantes de asociaciones religiosas y pastores acudieron para respaldar a la joven y a su madre, entonando cánticos de fe y consignas de apoyo.
Minutos antes de ingresar a la sala, Anna declaró a los medios independientes que no albergaba expectativas de un proceso plenamente imparcial, reiterando su postura democrática:
“No va a ser justo el juicio, pero yo tengo un Dios justo […] Espero que triunfe la verdad y que Cuba sea un país libre con elecciones democráticas”, expresó.
El tribunal dictó un fallo oral declarando culpables tanto a Anna Bensi como a su madre. Aunque la fiscalía y la defensa debatieron sobre la aplicación de medidas de privación de libertad o arresto domiciliario, se les impuso una sanción de dos años de limitación de libertad, una medida restrictiva que condiciona sus desplazamientos y actividad pública, mientras sus representantes legales evalúan los recursos de apelación pertinentes.
Repercusión internacional y perfil actual
El caso de Anna Bensi ha recibido un marcado seguimiento por parte de misiones diplomáticas acreditadas en la isla (como la Embajada de los Estados Unidos), organizaciones internacionales de derechos humanos y colectivos de prensa independiente.
Para diversos analistas y observadores sociopolíticos, la causa judicial en su contra ejemplifica el uso del aparato penal para disuadir la protesta digital y silenciar el activismo de una nueva generación de jóvenes cubanos que utilizan las redes sociales como principal trinchera de expresión.