
Brasil ha abierto una puerta para los cubanos que huyen de los apagones, el hambre y la crisis generalizada en Cuba, con más 41.000 solicitudes de asilo solo en 2025.
Un reportaje reciente de la cadena estadounidense NPR abordó el tema, destacando que el aumento se debe principalmente a que la Administración de Donald Trump ha reducido la mayoría de las vías de migración hacia los Estados Unidos.
El nuevo mapa migratorio queda perfectamente retratado en Volta Redonda, una ciudad del sureste del gigante suramericano. Allí, decenas de cubanos se reúnen los domingos para estudiar la Biblia y rezar por quienes siguen afrontando la escasez y falta de libertades en la isla.
¿Por qué los cubanos se van a Brasil?
“Ya no hay muchas opciones”, dijo a NPR José Ramírez, de 57 años. Según contó, amigos suyos le hablaron de Brasil como un país donde las personas que solicitan asilo pueden obtener permiso para trabajar y acceso a servicios sociales públicos mientras se estudia su caso.
Esas condiciones han convertido al país sudamericano en uno de los pocos destinos disponibles para buscar protección y tratar de iniciar otra vida. El recorrido, sin embargo, exige una ruta compleja: numerosos cubanos vuelan primero a Guyana, que no les exige visado, y después entran a Brasil atravesando la Amazonía.
El trayecto marca un cambio respecto a años recientes, cuando muchos migrantes recorrían esa región con rumbo norte. Para una parte de los cubanos que hoy llegan a Brasil, el movimiento ahora ocurre en la dirección opuesta.
Permiso de trabajo y servicios públicos para cubanos
Ramírez consiguió empleo en una empresa de aire acondicionado. Al describir qué valora de su vida en Brasil, mencionó “libertad, electricidad, comida y un salario digno”, una lista breve que conecta las necesidades cotidianas con las razones de su salida.
Brasil continúa recibiendo solicitantes de asilo en un momento en que EEUU, varios países europeos y otros de América Latina endurecen sus fronteras. Larissa Getirana, de la organización de asistencia a refugiados Cáritas, explicó que el rechazo a los migrantes no se ha convertido allí en una fuerza política de peso.
Alrededor del 1 % de quienes viven en Brasil nacieron en otro país, según estimaciones gubernamentales citadas en el reportaje. Getirana añadió que políticos de extrema derecha han expresado simpatía por quienes consideran que huyen de autocracias de izquierda como Cuba y Venezuela.
Durante una visita en marzo, el experto de Naciones Unidas en derechos de los migrantes Gehad Madi elogió el enfoque brasileño, basado en derechos y en no criminalizar la movilidad humana. También lo describió como un ejemplo relevante para América Latina.
La protección temporal no garantiza residencia
El sistema brasileño también presenta límites. Desde 2024, algunas personas que llegan al principal aeropuerto internacional de São Paulo no pueden pedir asilo. El Gobierno argumentó que la medida busca combatir el tráfico de personas y evitar que el país sea utilizado como escala para continuar hacia EEUU.
Getirana y Paulo Illes, exfuncionario brasileño de migración, dijeron a NPR que la presión estadounidense para frenar los desplazamientos hacia el norte influyó en esa política. Para quienes sí logran presentar la solicitud, el trámite ofrece protección legal temporal y derecho al trabajo, pero la decisión definitiva puede tardar años o incluso no llegar.
Letícia Carvalho, de la organización de asistencia a migrantes Missão Paz, explicó que el reconocimiento se produce cuando existen pruebas de persecución. Ante las preocupaciones por los derechos políticos y el agravamiento de la crisis humanitaria en Cuba, organizaciones defensoras han pedido una autorización amplia de residencia para los cubanos, similar a la concedida anteriormente a venezolanos.
El Ministerio de Justicia brasileño no respondió directamente si estudia esa posibilidad y señaló que su política hacia los migrantes cubanos seguirá la legislación nacional.
Illes consideró que la cercanía ideológica entre los gobiernos de Brasil y Cuba podría estar influyendo: reconocer a un grupo numeroso de refugiados, dijo, supone admitir que existe un problema político en el país de origen.
Pese a la falta de una residencia definitiva, miles de cubanos continúan llegando cada mes. Beatriz Céspedes, quien salió de Cuba hacia Río de Janeiro, resumió lo que encontró allí: “Hay innumerables oportunidades que te dan paz espiritual”.