
El gobierno cubano anunció que después de casi cuatro años de la fracasada Tarea Ordenamiento, dejará atrás la tasa de cambio fija que había establecido entre peso cubano (CUP) y el dólar estadounidense (USD). Ahora, se adoptará un tipo de cambio flotante que variará de acuerdo con las condiciones de oferta y demanda del mercado.
Lo anterior busca un impacto en la recaudación de divisas que llegan desde el extranjero. Según estimaciones de Emilio Morales, quien es presidente del proyecto Cuba Siglo XXI, el gobierno ha perdido el 95% del control de las remesas que antes dominaba en asociación con Western Union.
El propio Manuel Marrero Cruz, primer ministro de Cuba, al anunciar la nueva medida, dijo que iba encaminada a estimular la canalización estatal de las remesas.
“Recuerden que, con las medidas de Trump, dejaron de llegar las remesas por el sistema bancario nacional. Estas tomaron otros caminos, como las llamadas mulas y varias fórmulas. Hoy, el sistema con la tasa de cambio aprobada no estimula que se reordenen las remesas. Incluso, a la población no le conviene que les manden un dólar por vía bancaria, porque solo recibirán un cambio de 1 por 120. Sin embargo, en la calle, reciben 1 por 320. Por eso se aprueba un tipo de cambio flotante, para que las remesas se estimulen”, explicó Marrero Cruz.
¿Será efectiva la medida del gobierno para captar divisas?
Sin embargo, además de las remesas, hay otras razones de la poca entrada de divisas que tiene el régimen cubano actualmente. Hay un colapso total de las exportaciones. Según el ministro de Comercio Exterior de Cuba, Oscar Pérez-Oliva Fraga, entre 2019 y 2023 hubo una caída del 31.9 % en las exportaciones de bienes y servicios. Actualmente, no se exporta azúcar y otros importantes rubros como el níquel y el carbón vegetal están casi en cero.
Además, las tiendas en Moneda Libremente Convertible (MLC) están vacías, por lo cual el régimen no puede recaudar los dólares que entraron por la vía digital.
Pero el principal competidor para el Estado es el sector privado, que ha llenado muy bien el espacio dejado por Fincimex y Western Union. El negocio de las remesas en manos privadas funciona a través de redes informales altamente eficientes que operan al margen del control estatal. Estas redes son conocidas por su rapidez y flexibilidad, y se estructuran de la siguiente manera:
- Envío desde el exterior: Un familiar que vive fuera de Cuba envía una cantidad de dinero, como $300, utilizando aplicaciones digitales como Zelle u otros servicios similares. Este dinero es enviado a un contacto de confianza en el país de origen.
- Intermediarios en el exterior: Este contacto o intermediario en el extranjero recibe el dinero y coordina con su contraparte en Cuba para la entrega final. Estas redes suelen estar integradas por pequeños operadores que actúan como “bancos privados”.
- Entrega en Cuba: En cuestión de minutos, la contraparte en Cuba entrega el dinero al destinatario final en la moneda que prefiera: dólares físicos o pesos cubanos. Este dinero llega directamente a la casa del destinatario, lo que facilita el proceso y elimina la necesidad de interactuar con bancos o estructuras oficiales.
- Costo competitivo y confianza: Las tasas de cambio ofrecidas por estas redes son significativamente más altas que las que ofrece el régimen cubano. Por ejemplo, mientras el estado cambia un dólar por 120 pesos cubanos, en las redes informales la tasa puede alcanzar los 325 pesos cubanos. Este diferencial hace que estas redes sean más atractivas para los usuarios.
- Cobertura nacional: Estas redes informales tienen presencia en todos los municipios de Cuba, lo que les permite operar con gran alcance y efectividad.
- Flexibilidad en el servicio: Los clientes pueden elegir si desean recibir el dinero en efectivo o en depósitos informales, dependiendo de sus necesidades, y todo esto ocurre con gran inmediatez.