
Sandro Castro, nieto de Fidel Castro, afirmó durante una entrevista con CNN que su club nocturno en La Habana le costó “solo” 50.000 dólares, asegurando que ese patrimonio es resultado de su “esfuerzo”.
La cifra adquiere una dimensión alarmante en un país donde el salario promedio apenas supera los 20 dólares mensuales. El contraste entre esa inversión y el ingreso de la mayoría de los trabajadores cubanos coloca sus palabras en el centro de la polémica, tanto dentro como fuera del país.
En la entrevista, Sandro Castro rechazó que su apellido le haya abierto puertas. “Lo poco que tengo es gracias a mi sacrificio”, dijo. También insistió en presentarse como “un ciudadano más”, pese a tener un nivel de vida muy alejado del que enfrenta buena parte de la población.
La controversia aumentó después de que Idalmis Menéndez, exnuera de Fidel Castro, rechazara públicamente ese relato y acusara a Sandro de mentir al presentarse como “un cubano más”, declararse capitalista y minimizar los privilegios asociados a su apellido.
En declaraciones al periodista Mario Pentón, Menéndez dijo sentirse “horrorizada” por la entrevista y por la manera en que Sandro describió su realidad. Aseguró que lo conoció desde niño y que vivió durante años dentro del entorno de Punto Cero, por lo que considera inadmisible su versión sobre la vida de la familia Castro.
Según su testimonio, el nieto de Fidel creció con comida garantizada, electricidad constante y vacaciones aseguradas. La exesposa de Alex Castro Soto del Valle sostuvo que ese acceso permanente a recursos básicos ya constituía un privilegio excepcional en Cuba.
Menéndez también rechazó que Sandro intentara desvincularse de la responsabilidad histórica de su familia. A su juicio, no se trata de ignorancia ni de ingenuidad, sino de una postura consciente que termina siendo una ofensa para quienes han sufrido represión, cárcel y escasez en la Isla.
Otra parte de sus críticas estuvo dirigida a Fidel Castro. Menéndez negó que el exgobernante pueda ser presentado como una figura de principios y respeto. Para sostenerlo, mencionó episodios que evidencian una distancia entre la imagen pública del líder y su conducta en privado.
Además, vinculó los negocios de Sandro con la red de contactos y favores que, según su versión, han tenido históricamente miembros de la familia gobernante. Afirmó que esa cercanía con el poder facilita operaciones económicas vetadas para la mayoría de los cubanos y le otorga una protección que el ciudadano común no tiene.