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Cubadebate dice que Cuba es una “dictadura de dignidad”

Cubadebate dice que Cuba es una “dictadura de dignidad”
Hurtado escribe que si se adopta la lógica occidental, Cuba podría considerarse una dictadura, “pero de la dignidad” (Foto © Periódico Cubano)

Cubadebate, el principal órgano de propaganda digital del régimen cubano, publicó un artículo de opinión firmado por Ana Hurtado, activista española, titulado “Cuba, ¿una dictadura?”. La pieza, lejos de ser un ejercicio de análisis honesto, es un despliegue de gimnasia retórica destinado a maquillar seis décadas de autoritarismo con una fórmula tan audaz como cínica: Cuba no sería una dictadura cualquiera, sino una “dictadura de la dignidad”.

“Si se adopta la lógica del análisis occidental, podría decirse que Cuba es una dictadura, sí. Pero de la dignidad; una dignidad que ha sido sometida durante décadas a presiones externas, sanciones económicas y limitaciones estructurales por parte de los Estados Unidos y sus aliados”, escribió Hurtado.

La frase merece detenerse. Con una increíble pirueta semántica, la autora reconoce implícitamente lo que millones de cubanos denuncian (que viven bajo un régimen autoritario) y al mismo tiempo lo envuelve en un manto de nobleza. Esa es, en esencia, la lógica paternalista que ha sostenido al castrismo desde 1959 y que sus aliados internacionales reproducen con entusiasmo desde la comodidad de las democracias europeas.

Un “consenso” fabricado sobre hambre y apagones

El artículo de Hurtado sostiene que el modelo cubano se mantiene gracias a un “consenso construido desde la resistencia, la soberanía y la convicción de que el ser humano debe estar en el centro de toda decisión”. Pero, ¿de qué consenso se puede hablar cuando no existen elecciones libres, prensa independiente, partidos de oposición ni derecho a la protesta? ¿Qué consenso puede existir cuando cientos de presos políticos del 11J siguen encarcelados?

La realidad sobre el terreno en 2026 desmiente cada línea de esa narrativa. Cuba atraviesa una crisis humanitaria sin precedentes: apagones que superan el 45% del territorio en horas pico, basura acumulándose en las calles de La Habana porque solo 44 de los 106 camiones de recogida tienen combustible, y aerolíneas internacionales que suspendieron vuelos a la isla por la escasez de queroseno. Eso no es dignidad.

La autora también recurre al argumento clásico del embargo: si el sistema supuestamente fracasó, ¿por qué no levantar las sanciones y dejarlo caer? Es la pregunta retórica favorita de los defensores del régimen, diseñada para desviar la atención del hecho fundamental de que ningún embargo obliga a un gobierno a encarcelar artistas, censurar internet o reprimir manifestaciones pacíficas.

El embargo estadounidense es real y tiene consecuencias, pero convertirlo en la explicación total de la miseria cubana es un acto de deshonestidad intelectual. Venezuela, Rusia y China han inyectado miles de millones de dólares en la isla durante décadas, y el resultado sigue siendo el mismo: escasez, represión y éxodo masivo.

Ana Hurtado y su papel en la propaganda cubana

Ana Hurtado no es una observadora neutral. Es una colaboradora habitual de los medios oficialistas cubanos que ha posado junto a Díaz-Canel y ha participado en la Mesa Redonda de la televisión estatal, donde llegó a calificar de “delincuentes y mercenarios” a los cubanos que se manifiestan contra el régimen desde España.

Su perfil responde a un patrón conocido: activistas extranjeros que, sin padecer las consecuencias del sistema que defienden, le prestan su voz y credibilidad al aparato propagandístico.

Cubadebate lo sabe y lo aprovecha. Publicar a una europea que redefine la dictadura como “dignidad” cumple una función doble: hacia dentro, refuerza el discurso de resistencia heroica; hacia fuera, ofrece una supuesta validación internacional. Es propaganda con acento de Madrid.

La frase con la que Hurtado cierra su artículo (“No hay nada más que decir”) resulta involuntariamente precisa. Cuando se rebautiza la opresión como dignidad y se pide silencio al final, efectivamente no queda nada más que decir. Queda todo por hacer: escuchar a los cubanos que sí viven bajo esa “dictadura de dignidad” y que, a diferencia de su vocera española, no pueden marcharse cuando las luces se apagan.

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