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Cubano cambia su casa en La Habana por un triciclo eléctrico

Cubano cambia su casa por un triciclo en insólito anuncio de Revolico
Una vivienda independiente en Diez de Octubre se ofrece por 3.000 dólares, pero su propietario también acepta cambiarla por un triciclo (Foto © Enrique Broque – Revolico)

Una casa independiente a cambio de un triciclo. Bien podría ser una metáfora sobre la crisis extrema que se vive actualmente en Cuba, pero se trata de uno de los anuncios más recientes de venta de propiedades publicados en la página de clasificados Revolico.

La oferta, localizada en Lawton, municipio Diez de Octubre, aparece bajo el título “Se vende la casa o se cambia por un triciclo”. Aunque la ficha muestra inicialmente un precio de apenas 4 USD, en la descripción el propietario aclara que pide 3.000 dólares negociables por la vivienda.

La casa es independiente y cuenta con portal, pasillos laterales, placa libre, sala, dos habitaciones, baño, cocina y un pequeño patio trasero. El propio vendedor reconoce que necesita “reparación y mantenimiento de todo tipo”.

Pero la parte más llamativa llega al final: además del dinero, está dispuesto a cambiar la propiedad por un triciclo nuevo o en buen estado, o aceptar una motocicleta más una diferencia económica. Ver el anuncio original en Revolico

La oferta podría pasar como otra extravagancia de los clasificados cubanos, pero adquiere un significado diferente cuando se observa dentro del contexto económico, migratorio y energético que atraviesa la Isla.

Casas que se venden para poder irse de Cuba

La vivienda fue durante décadas uno de los patrimonios más importantes de cualquier familia cubana. En el escenario actual, sin embargo, también puede convertirse en el capital necesario para financiar una salida del país.

La relación entre emigración y venta de propiedades no es nueva. Tras el comienzo de la gran ola migratoria de los últimos años, aumentó considerablemente la cantidad de inmuebles colocados en el mercado, hasta llegar a registrarse viviendas vendidas por apenas unos miles de dólares en zonas de menor demanda mientras escaseaban los compradores.

En otros casos, las señales son todavía más evidentes. En marzo de este año salió a la venta en Centro Habana una propiedad por 13.000 dólares que se entregaba completamente equipada con muebles y electrodomésticos, una circunstancia asociada con frecuencia a propietarios que ya abandonaron el país o se preparan para hacerlo.

No puede afirmarse que el dueño de la vivienda de Lawton quiera emigrar, porque el anuncio no explica sus motivos. Lo que sí resulta evidente es que su oferta se produce dentro de un mercado inmobiliario profundamente distorsionado por la crisis: muchas propiedades se venden en dólares, el acceso de la mayoría de los asalariados cubanos a esos precios es prácticamente imposible y existe una abundante oferta vinculada, directa o indirectamente, al éxodo.

La pérdida de población permite entender la magnitud del fenómeno. Cuba cerró 2025 con alrededor de 9,4 millones de habitantes y había perdido aproximadamente el 16% de su población en una década, en medio de una combinación de emigración masiva, envejecimiento y baja natalidad.

Para numerosos cubanos, vender la casa representa así una de las pocas maneras de reunir varios miles de dólares de una sola vez: dinero que puede utilizarse para emigrar, establecerse en otro país o simplemente intentar reconstruir una vida fuera de una economía marcada por la escasez.

Cuando un triciclo puede resultar más útil que una vivienda

Pero el anuncio de Diez de Octubre incorpora otra señal todavía más peculiar: el propietario está dispuesto a intercambiar un inmueble por un medio de transporte. Una vivienda suele ser un activo patrimonial muy superior a un triciclo, pero en la Cuba actual, sin embargo, el valor práctico de determinados bienes puede alterar por completo esa lógica.

El transporte público atraviesa desde hace años una situación crítica por la falta de combustible, piezas de repuesto y vehículos operativos. Los triciclos eléctricos han adquirido protagonismo como alternativa para mover pasajeros y mercancías y, sobre todo, como herramienta de trabajo.

Su precio tampoco es insignificante. Este mismo año, la corporación estatal Cimex llegó a comercializar triciclos eléctricos de pasajeros por 887 MLC en momentos en que la escasez de combustible y la reducción de rutas complicaban cada vez más la movilidad.

Para quien pueda explotarlo comercialmente, un triciclo no es solamente un vehículo. Puede convertirse en una fuente diaria de ingresos transportando pasajeros, mercancías o realizando otros servicios.

De ahí la paradoja que resume el anuncio: una casa necesita dinero para repararse y mantenerse; un triciclo puede producir dinero desde el primer día. En una economía de supervivencia, esa diferencia puede pesar enormemente.

La crisis cubana cambia el valor de todo

La situación se vuelve todavía más dramática por los apagones. Cuba ha atravesado durante 2026 varios colapsos completos del Sistema Electroenergético Nacional. En julio, por ejemplo, todo el país volvió a quedar sin electricidad tras una desconexión del SEN, después de jornadas marcadas por déficits extraordinariamente elevados de generación.

Los cortes eléctricos prolongados afectan prácticamente todos los aspectos de la vida cotidiana: conservación de alimentos, bombeo de agua, preparación de comida, descanso, comunicaciones, negocios privados y transporte.

La contradicción llega incluso hasta los propios vehículos eléctricos. Los apagones han obligado anteriormente a limitar la circulación de triciclos en La Habana porque sus baterías no podían cargarse con normalidad y esta misma semana se reconoció que un proyecto de recogida de basura con esos vehículos no pudo funcionar según lo previsto por las dificultades energéticas. La falta de electricidad mantiene parte de esos triciclos fuera de servicio.

A la crisis energética se suman la inflación, la escasez de alimentos, medicamentos y combustible, los problemas con el abastecimiento de agua y el deterioro generalizado de los servicios.

La gravedad de esas carencias ha llevado incluso a cubanos que regresaron después de vivir en el extranjero a reconsiderar su decisión. Una mujer que había invertido 60.000 dólares en una vivienda aseguró recientemente que se arrepentía de haberse instalado nuevamente en la Isla ante los apagones y las dificultades para conseguir alimentos y agua.

El extraño mercado inmobiliario de Cuba

El mercado cubano de viviendas ofrece hoy imágenes completamente contradictorias. Por un lado aparecen propiedades deterioradas que sus propietarios intentan vender con urgencia por unos pocos miles de dólares. Por otro, existen mansiones de La Habana anunciadas por cifras que alcanzan varios millones, algunas incluso con propietarios que exigen recibir el pago fuera de Cuba.

En medio de esos dos extremos sobreviven miles de cubanos cuyos salarios tienen poca relación con los precios inmobiliarios expresados en dólares. El resultado es un mercado peculiar, marcado por las remesas, el dinero procedente del exterior, las necesidades migratorias y una profunda desigualdad en la capacidad de compra.

Por eso, la casa de Lawton que puede cambiarse por un triciclo es algo más que un anuncio curioso. Resume de manera brutal una transformación de prioridades provocada por años de crisis.

Para algunos, vender una propiedad significa conseguir el dinero necesario para abandonar el país. Para otros, poseer un vehículo capaz de generar ingresos puede resultar más útil que conservar una casa que requiere reparaciones mientras alrededor faltan electricidad, transporte, alimentos y combustible.

Que alguien esté dispuesto a cambiar un techo por tres ruedas dice mucho más sobre la Cuba actual que cualquier estadística.

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