
La ciudad de Tapachula, en el sur de México, se ha convertido en un punto de concentración para los migrantes cubanos deportados desde Estados Unidos.
Con vuelos directos desde territorio estadounidense, que ahora operan con una frecuencia de hasta tres por semana, los deportados cubanos se suman a una población creciente de migrantes de diversas nacionalidades que están siendo trasladados hacia el sur de México.
Las autoridades mexicanas aceptaron un acuerdo con EEUU para ser un tercer país seguro, por lo cual permiten que desde territorio estadounidense se deporten a ciudadanos de diferentes nacionalidades.
En entrevista para la agencia EFE, el Subsecretario de Movilidad Humana de la Secretaría de la Frontera Sur, Eduardo Antonio Castillejos Argüello, reveló que 12.000 personas fueron deportadas desde EEUU en el último año.
Además, entre dos y tres vuelos directos aterrizan semanalmente en el estado de Chiapas, que limita con Guatemala, trayendo a migrantes, principalmente cubanos, que buscan nuevas oportunidades laborales y de vida, pero se enfrentan a grandes dificultades.
“Tenemos una población grande de nacionalidad cubana aquí en Tapachula, distribuida en toda la frontera sur, y que tiene necesidad de acceder a servicios, pero sobre todo a empleo. Muchas personas están en el comercio informal”, señaló Castillejos.
Los relatos de los deportados cubanos muestran la dureza de su situación. Raúl Morales, quien vivió 46 años en EEUU, compartió su experiencia.
“Me esposaron a la fuerza, yo estaba en la calle, soy refugiado político, llegué con 20 años a ese país”, relató Morales, visibilizando la separación forzada de su familia y las frustraciones derivadas de la deportación. “Me están robando mi retiro”, agregó, lamentando la ruptura de sus derechos como exiliado político.
Jonas García, otro cubano deportado, narró cómo fue detenido por una infracción menor, como conducir sin licencia, y deportado sin previo aviso. La opacidad en los procedimientos migratorios ha generado un sentimiento generalizado de injusticia entre los afectados, quienes se ven atrapados en un ciclo interminable de trámites burocráticos.
Luis Rey García Villagrán, director del Centro de Dignificación Humana en Tapachula, denunció la falta de responsabilidad por parte de las autoridades migratorias mexicanas.
Según García Villagrán, el proceso de recepción de migrantes se lleva a cabo sin transparencia y sin que ninguna institución se haga cargo de las necesidades de los deportados. “En la oscuridad y de manera totalmente opaca traen a los migrantes”, expresó.
El activista calcula que actualmente cerca de 60.000 migrantes, entre los que predominan haitianos y cubanos, se encuentran varados en la ciudad, a la espera de resolver su situación migratoria.
Muchos de ellos enfrentan dificultades económicas, ya que no pueden acceder a servicios bancarios ni enviar o recibir remesas debido a la falta de documentos oficiales como pasaportes.
México ha pasado de ser un simple país de tránsito para migrantes que buscan llegar a EEUU a convertirse en un destino final para muchos, debido a las políticas migratorias más restrictivas implementadas por la administración Trump.
Quisieron emigrar al paraíso y llegaron al infierno. Ahora lloran por querer volver ojalá Trump se lo permitiese ni Cuba ni Mexico merecen esa escoria.