
El presidente designado de Cuba, Miguel Díaz-Canel, no pudo contestar a la pregunta sobre cuál será su legado y cómo lo recordarán los cubanos cuando termine su gestión frente al gobierno de la Isla.
Periódico Cubano constató este penoso momento del mandatario comunista al revisar la entrevista que le hicieron por parte del periodista Roberto Cavada, transmitida ayer miércoles por Telenoticias de Teleistema de República Dominicana.
Ante una pregunta directa sobre cómo espera ser recordado cuando termine su mandato, el gobernante respondió de forma titubeante, se extendió en consideraciones generales y no mencionó un resultado concreto de su administración.
“¿Con qué se quedarán los cubanos de su historia y su impronta en el gobierno cuando usted termine como presidente de la República?”, preguntó Cavada. La interrogante pareció tomar por sorpresa a Díaz-Canel, quien reconoció que nunca había reflexionado sobre el asunto.
“No es una cosa en la que nunca he pensado”, comenzó diciendo, antes de asociar el concepto de legado con los héroes de la denominada Revolución cubana. Su respuesta se desplazó después hacia su formación dentro del sistema socialista y el compromiso que asegura mantener con el proyecto político iniciado en 1959.
Díaz-Canel afirmó que se ha consagrado a la “obra de la Revolución” y que nunca ha pensado en cómo será recordado. Sin embargo, no identificó reformas, avances económicos, mejoras sociales o resultados institucionales que pudieran constituir una herencia de su etapa en el poder.
El gobernante sostuvo que ha trabajado con “enorme sensibilidad” frente a los problemas de la población. También admitió que le duele ver a los cubanos “pasando trabajo” y que el país atraviese momentos difíciles pese al talento y las potencialidades existentes.
“Cuando veo a la gente pasando trabajo, que nosotros no podemos salir adelante, que un país como este, con todo el talento y todas las potencialidades, pueda lograr muchísimo y tengamos que pasar por tiempos tan duros, eso me duele mucho”, manifestó.
La respuesta terminó concentrándose en sus emociones y en la obligación de buscar soluciones, pero dejó sin contestar el elemento central de la pregunta: qué transformación o logro concreto podría reconocer la población una vez concluya su presidencia.
La dificultad para responder ocurre cuando su administración queda marcada por una de las crisis más profundas de la historia reciente de Cuba. Bajo su mandato, los ciudadanos han enfrentado apagones prolongados, escasez de alimentos, medicamentos y combustibles, inflación, deterioro de los servicios públicos y una migración masiva.
El gobierno atribuye gran parte de la crisis a las sanciones de Estados Unidos. Sin embargo, economistas, activistas y ciudadanos también responsabilizan al modelo centralizado, la ineficiencia estatal y la falta de reformas estructurales capaces de estimular la producción y mejorar las condiciones de vida.
Díaz-Canel asumió la presidencia en 2018 como sucesor de Raúl Castro, sin que los cubanos pudieran elegirlo mediante elecciones libres y competitivas. Posteriormente, también asumió la dirección del Partido Comunista, única organización política legal en la Isla.
Su etapa al frente del país ha estado marcada además por las protestas del 11 de julio de 2021 y la posterior ola represiva contra manifestantes, activistas y opositores. Aquella jornada dejó imágenes de miles de personas reclamando libertad y mejores condiciones de vida en decenas de localidades.
En medio del deterioro nacional y del incremento de la presión estadounidense, algunos observadores plantean que Díaz-Canel podría convertirse en el último gobernante del prolongado sistema comunista cubano si la crisis desemboca en una transición.