
El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, arribó en las últimas horas a Brasil para participar en la XVII Cumbre de los BRICS, que se lleva a cabo los días 6 y 7 de julio en Río de Janeiro. Como siempre sucede en los viajes internacionales, se llevó de paseo a su esposa Lis Cuesta, quien a pesar de renegar el título de “primera dama”, actúa como tal en esas visitas al extranjero.
Esta es la segunda ocasión en la que Díaz-Canel asiste como Jefe de Estado a las cumbres de los BRICS, habiendo participado previamente en la Cumbre de Johannesburgo como presidente del Grupo de los 77 y China. En esta edición, Cuba se presenta como país socio de los BRICS, luego de su inclusión en el bloque durante la Cumbre de Kazán en octubre de 2024.
La participación de Cuba en este evento es vista como una oportunidad para fortalecer lazos diplomáticos con las naciones que integran el bloque, que representan el 48.5% de la población mundial y el 36% del territorio global.
Se espera que el presidente cubano se reúna con diversos líderes y delegaciones de los países miembros y socios, además de interactuar con figuras brasileñas amigas de Cuba.
No obstante, la presencia de Díaz-Canel en esta Cumbre ha generado reacciones encontradas en las redes sociales. Críticos señalan que los viajes internacionales del presidente y su esposa, Lis Cuesta, no parecen tener un impacto directo en la mejora de las condiciones de vida dentro de Cuba, un país que enfrenta crisis económicas, sociales y de infraestructura.
Uno de los comentarios más frecuentes en redes sociales indica que “todo el dinero de este país se va en estos viajes”, sugiriendo que los recursos destinados a estos desplazamientos podrían utilizarse en soluciones internas más urgentes.
Otros, apuntan a que la élite gobernante continúa aferrada al poder sin realizar los cambios necesarios para resolver los problemas de pobreza y escasez que afectan al pueblo cubano. Mientras tanto se dan la buena vida en visitas a paradisiacos lugares como Río de Janeiro.
La figura de Lis Cuesta ha sido objeto de controversia, especialmente debido a su ausencia en actividades dentro de Cuba. Cuesta ha sido criticada por su falta de visibilidad en las provincias cubanas, donde las necesidades básicas son una preocupación constante para los ciudadanos.
Aunque asume el rol de “primera dama” en el extranjero, su imagen pública se ha visto empañada por la percepción de que su participación en eventos internacionales no responde a las urgentes demandas del pueblo. Por el contrario, constituye un gasto para el erario público, sobre todo cuando rehúsa ser considerada primera dama.
En muchos países, la primera dama juega un papel fundamental en la promoción de proyectos sociales y en la visibilidad de los problemas locales. Sin embargo, la percepción de que la esposa del presidente se dedica principalmente a representar a Cuba en el extranjero ha alimentado un sentimiento de desconexión entre el gobierno y la población.
A medida que el pueblo cubano enfrenta desafíos como la escasez de alimentos, la falta de servicios básicos y la inestabilidad económica, la falta de acción dentro del país por parte de la esposa del mandatario refleja una brecha cada vez mayor entre las expectativas de la ciudadanía y la realidad política y social.
Eso sí, pasear y disfrutar del cargo mientras el pueblo se muere de hambre y millones de necesidades más.