
El presidente electo Donald Trump anunció que nominará a Robert F. Kennedy Jr., un activista antivacunas, como próximo director del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS, por sus siglas en inglés).
El hijo del fiscal general Robert F. Kennedy y sobrino del presidente John F. Kennedy estará al frente de una agencia clave para la seguridad de medicamentos, vacunas, alimentos, y programas como Medicare y Medicaid.
El veterano político era integrante del Partido Demócrata y desafió el intento de reelección del presidente Joe Biden. Posteriormente, decidió emprender una candidatura independiente y, con el desarrollo de la campaña, llegó a un acuerdo con Trump. Él aceptó respaldar al entonces candidato republicano a cambio de que se le garantizara un papel en la política de salud.
Al justificar su decisión en Truth Social, el magnate aseguró que este político será clave para “acabar con la epidemia de enfermedades crónicas y hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande y saludable”.
La nominación de Kennedy generó preocupación inmediata entre los expertos en salud pública. La doctora Mandy Cohen, directora de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), expresó: “No quiero volver atrás y ver a niños o adultos sufrir o perder la vida para recordarnos que las vacunas funcionan”.
Kennedy ha sido una figura controvertida en el debate sobre vacunas. Durante años, ha cuestionado su seguridad y eficacia, a pesar de la contundente evidencia científica que demuestra su efectividad.
Asimismo, ha prometido cambios drásticos en el HHS. Entre sus propuestas destacan la regulación estricta de aditivos alimentarios y químicos, además de restricciones a la publicidad televisiva de medicamentos.
Él también buscaría eliminar las tasas que las compañías farmacéuticas pagan a la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) para la revisión de productos, medida que algunos críticos temen podría debilitar la supervisión.
El activista también ha expresado su intención de reformar la estructura de las agencias de salud. En su campaña, mencionó su plan para “reorganizar” los CDC, los Institutos Nacionales de Salud y FDA, con el objetivo de enfocarse en enfermedades crónicas en lugar de infecciosas.
Entre las medidas más controvertidas, Kennedy ha sugerido debilitar regulaciones sobre terapias alternativas, como el uso de psicodélicos, células madre y medicamentos desacreditados durante la pandemia, como la ivermectina y la hidroxicloroquina. También planea despedir a 600 empleados del NIH y reemplazarlos con personal que comparta su visión.
En el ámbito legal, el grupo sin fines de lucro de Kennedy, Children’s Health Defense, mantiene una demanda contra organizaciones de noticias por supuestamente identificar como desinformación temas relacionados con la pandemia de COVID-19 y las vacunas.
Trump describió a Kennedy como su aliado en una “cruzada contra el complejo industrial de alimentos y farmacéuticas”. Sin embargo, expertos advierten que sus posturas podrían socavar décadas de avances en salud pública, reavivando temores de enfermedades prevenibles y retrasos en investigaciones médicas cruciales.