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El padre Alberto Reyes compara a Cuba con un campo de concentración: “Perder la esperanza es un lujo que no nos podemos permitir”

Padre Alberto Reyes: “Usted me pide una misa por el Che Guevara y yo se la doy”
La pregunta que más se repite en Cuba hoy es: “¿Hasta cuándo?”. (Captura de pantalla © Darwin Santana – YouTube)

El sacerdote cubano Alberto Reyes publicó esta semana una reflexión que recorrió las redes sociales con la velocidad que tienen los textos que dicen en voz alta lo que muchos piensan en silencio. Su punto de partida fue Viktor Frankl. Su destino, la Cuba de hoy.

Reyes abrió con un fragmento del libro “El hombre en busca de sentido”, donde el psiquiatra austriaco, sobreviviente de los campos de concentración nazis, documenta cómo la mortalidad entre los prisioneros aumentó dramáticamente entre la Navidad de 1944 y el Año Nuevo de 1945. Los prisioneros esperaban ser liberados para esas fechas. Cuando la fecha llegó y la liberación no, muchos perdieron la esperanza. Y cuando perdieron la esperanza, murieron.

“Estamos viviendo una realidad muy similar”, escribió el padre Reyes. “Porque la pregunta que más se repite en Cuba hoy es: ¿hasta cuándo?”, apuntó.

Esperanzados y desesperados al mismo tiempo

La reflexión del sacerdote no es un texto de denuncia política convencional. Es algo más difícil de escribir y más difícil de leer: el retrato psicológico de un pueblo atrapado entre la esperanza que no puede abandonar y la desesperación que no puede ignorar.

“Desesperados por salir de este campo de concentración inmisericorde, de ver el fin de esta esclavitud impuesta. Y esperanzados en que este campo sea liberado, y podamos volver a casa, a esa Cuba libre, feliz y próspera que acariciamos con la mente, mientras día a día luchamos por sobrevivir al apagón de hoy, a la escasez de hoy, a la impotencia desesperante de hoy”, escribió Reyes.

Cada día, dice el sacerdote, esa esperanza se renueva con la misma pregunta: “¿Será hoy?” Y cada día languidece sin respuesta. Frente a esa oscilación permanente, el padre Reyes identifica una voz que él llama “demoníaca”, la que susurra que “esto no hay quien lo cambie”. Y afirma que rendirse ante esa voz es exactamente lo que no puede ocurrir.

El llamado a reinventarse como pueblo

Una de las partes más poderosas del texto del padre Reyes es su postura ante la ayuda exterior. No la rechaza. La agradece. Pero advierte contra convertirla en el único sostén de la esperanza cubana.

“La administración norteamericana podrá apoyar nuestra lucha… o no. Europa podrá dejar de coquetear con el gobierno cubano… o no. América Latina podrá atreverse a decir la verdad sobre Cuba… o no. Pero haga lo que haga el mundo que nos rodea, ha llegado el momento de reinventarnos como pueblo”.

La advertencia que construye a continuación es la que más circuló en redes: si la esperanza cubana descansa únicamente en una liberación gestada desde fuera, y esa ayuda tarda, el riesgo es exactamente el que describió Frankl. Que la espera agote la esperanza y que la esperanza agotada mate.

“El mundo podrá tendernos sus manos, pero esas manos no podrán ayudarnos a ponernos en pie si no somos capaces de alzar la cabeza y de dejar de acariciar nuestras cadenas”.

Una voz que habla desde adentro

El padre Alberto Reyes no escribe desde la distancia cómoda de quien observa. Escribe desde Cuba, donde ejerce su ministerio y donde cada reflexión suya sobre la realidad del país llega con el peso de quien vive lo que describe.

Sus textos usan el lenguaje de alguien que acompaña a personas reales en su dolor cotidiano y que se niega a ofrecer consuelos vacíos.

Esta semana eligió a Frankl para decirle a Cuba algo que los campos de concentración nazis ya demostraron: que la esperanza no es un lujo sentimental. Es una condición de supervivencia. Y que perderla, en cualquier campo, tiene consecuencias que van más allá de lo emocional.

“Perder la esperanza es un lujo que no nos podemos permitir”, escribió el sacerdote.

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