
El exgeneral cubano Rafael del Pino, exiliado en Estados Unidos desde hace décadas, envió un mensaje urgente a militares y oficiales de Cuba a través de Radio Martí para que salven a la isla y se den cuenta de que el “enemigo está dentro”.
En su intervención, dirigida a las Fuerzas Armadas Revolucionarias y a ciudadanos movilizados por la reserva, les pide que no obedezcan órdenes represivas ni se coloquen del lado del régimen en un momento que calificó como crucial para el país.
Del Pino afirmó que su llamado busca evitar que la dictadura cubana manipule la opinión pública, en especial dentro de las estructuras militares.
Según dijo, su mensaje está dirigido tanto a quienes ocupan altos cargos en la jerarquía castrense como al último recluta del servicio militar obligatorio. También incluyó a los ciudadanos presionados para integrarse a movilizaciones de reserva.
El exgeneral sostuvo que Cuba ha vivido más de seis décadas bajo una de las tiranías más totalitarias del mundo, comparable, a su juicio, con Corea del Norte.
Señaló que varias generaciones han sido sometidas a una propaganda constante desde la infancia, incluida la actual cúpula militar, formada bajo los símbolos y consignas del comunismo impuestos por el sistema.
En su intervención, Del Pino cuestionó que oficiales de alto rango estén dispuestos a sacrificar a sus subordinados para proteger a la familia Castro y al conglomerado militar GAESA, conglomerado empresarial militar que describió como el verdadero centro de poder en Cuba.
Afirmó que los familiares de los militares sufren las mismas carencias que el resto del pueblo: falta de alimentos, agua, medicinas y derechos básicos.
“El enemigo no está afuera, sino dentro”, expresó al referirse a quienes, según su criterio, han hundido al país en una crisis profunda. Del Pino insistió en que los Castro no representan a Cuba y que GAESA tampoco puede ser confundida con la nación.
En su opinión, el pueblo es el verdadero sujeto de soberanía y no existe justificación para enviar militares a una “muerte inútil y deshonrosa”.
El exmilitar exiliado afirmó que los mandos superiores y medios de las Fuerzas Armadas tienen una responsabilidad decisiva en lo que llamó la salvación del país. Aseguró que la FAR no tiene las manos manchadas de sangre y que, por esa razón, debe impedir que se ejecuten órdenes criminales contra la población civil en una eventual situación de crisis política.
Del Pino advirtió que los oficiales deberán decidir si están “con el pueblo o contra el pueblo”. También sostuvo que la obediencia debida no debe estar dirigida a la familia Castro, al Partido Comunista ni a los grupos económicos vinculados al poder, sino a la ciudadanía cubana. En ese punto, pidió a los militares asumir como misión exclusiva la protección de la población.
Según su mensaje, EEUU habría presentado una oferta a la dirección cubana para una salida del poder sin violencia, acompañada de ayuda humanitaria por 100 millones de dólares, así como facilidades comerciales y financieras. Del Pino afirmó que esos recursos no serían entregados a un grupo que describió como “criminal” e “incompetente”.
El exgeneral aseguró que la nueva generación de oficiales tiene la oportunidad de pasar a la historia si decide proteger al pueblo, asumir el mando del país y coordinar con EEUU un proceso de estabilización.
De acuerdo con su planteamiento, esa coordinación permitiría evitar la represión, garantizar el orden e iniciar transformaciones económicas y democráticas.
Del Pino rechazó la narrativa oficial que presenta a Washington como el principal enemigo de Cuba. Afirmó que EEUU no busca anexarse la isla y que, por el contrario, la familia Castro y GAESA han convertido al país en una finca privada.
Al cierre de su intervención, dijo que los cubanos civiles y militares en el exilio están listos para participar en la reconstrucción de una Cuba “con todos y para el bien de todos”.