
El expelotero Juan Bravo Prescot, otrora receptor de los equipos Industriales, Metropolitanos y la Isla de la Juventud, quien se encontraba de visita en Cuba y falleció a los 63 años en La Habana a causa de un infarto.
Bravo residía desde hacía varios años en Miami, Estados Unidos, y tenía previsto regresar el próximo jueves al sur de Florida. Pero encontró la muerte donde mismo había nacido.
Su fallecimiento generó numerosas reacciones entre aficionados, excompañeros y personas vinculadas al béisbol cubano, que recordaron su trayectoria deportiva y su labor como entrenador.
Considerado uno de los receptores más hábiles de su etapa en las Series Nacionales, Bravo fue una figura reconocida en los equipos capitalinos durante las décadas de 1980 y 1990. Nació en San Francisco de Paula y desde allí construyó una carrera marcada por la defensa, la disciplina y la constancia.
Durante su paso por la Serie Nacional de Béisbol, participó en 17 temporadas. De acuerdo con estadísticas oficiales citadas en los reportes, dejó promedio ofensivo de .272, con 700 imparables en 2.574 turnos oficiales.
Su hoja deportiva también incluye 67 dobles, 10 triples, 17 jonrones y 260 carreras impulsadas. Aunque fue recordado sobre todo por su trabajo detrás del plato, varios aficionados también destacaron su capacidad ofensiva en momentos relevantes de su carrera.
Tras retirarse al finalizar la 35 Serie Nacional, correspondiente a la temporada 1995-1996, se dedicó a transmitir sus conocimientos a generaciones más jóvenes. Primero lo hizo en su localidad natal y luego integró cuerpos de dirección de equipos habaneros en el principal torneo del país.
En una entrevista con Play Off Magazine, el exjugador contó que decidió emigrar a Estados Unidos en 2016. Según explicó entonces, varios hechos lo habían desilusionado, entre ellos su exclusión del equipo técnico anunciado para el partido entre una selección cubana y los Rays de Tampa Bay en el Estadio Latinoamericano, durante la visita del entonces presidente Barack Obama a Cuba.
Desde su llegada a Estados Unidos, Bravo continuó ligado al béisbol. En Miami entrenaba a niños y mantenía el vínculo con el deporte que marcó su vida. Uno de los mensajes compartidos tras su muerte relató que un menor recibió de él una última clase de receptoría apenas el sábado anterior, combinada con palabras de motivación deportiva.
Los comentarios de aficionados lo describieron como un receptor defensivo, un buen compañero y una persona cercana. Varios usuarios recordaron su etapa con Industriales, su carácter dentro del terreno y su papel como formador de jóvenes.