
El voleibol cubano está de luto ante la muerte de Lázaro Beltrán, una de las grandes figuras de este deporte que representó a la Isla en varias competencias internacionales, entre ellas los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992.
La triste noticia fue compartida ayer domingo en redes sociales por su compañero de equipo Ihosvany Hernández, quien publicó un emotivo mensaje en su cuenta de Facebook. “Hermano, gracias por ser parte de mi evolución como hombre y persona. Descansa en paz #6”, escribió Hernández, destacando la profunda relación que compartieron durante su carrera.
En su post, numerosos colegas y figuras del voleibol cubano expresaron su pesar y ofrecieron condolencias a la familia de Beltrán. “EPD, hermano. Triste Noticia. Mi más sentido pésame a toda su familia y amigos”, comentó el pasador Raúl Diago.
Orlando Samuels también se unió al duelo: “Muy triste noticia el fallecimiento de este gran voleibolista y muy buen compañero, otro que se nos va de la gloriosa generación de los 90, mi más sentido pésame a familiares y amigos DEP”.
Lázaro Beltrán formó parte de una de las generaciones más brillantes del voleibol cubano, con una trayectoria repleta de logros internacionales. Fue parte del equipo que alcanzó el subcampeonato mundial en Brasil en 1990, además de ser campeón en los Juegos Panamericanos de La Habana en 1991 y en los Juegos Centroamericanos en Santiago de los Caballeros en 1986 y en Ponce en 1993.
El medio independiente Swing Completo recuerda que, entre sus logros más destacados, Beltrán fue campeón de la Copa del Mundo en Japón en 1989, un título histórico que consolidó al voleibol cubano en la élite mundial.
Un año después, alcanzó la medalla de plata en el Campeonato Mundial de 1990, y en 1991 subió nuevamente al podio de la Liga Mundial, donde Cuba estuvo cerca de la gloria.
Su participación en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 fue igualmente significativa, aunque no quedó en los primeros lugares. En esa ocasión, el equipo cubano finalizó en cuarta posición, mientras que Brasil, Países Bajos y Estados Unidos se llevaron las medallas.
Además de su exitosa carrera como jugador, Beltrán se dedicó al coaching tras su retiro en 1993. Emigró a Estados Unidos, donde dirigió con éxito la selección femenina de voleibol, dejando una huella imborrable en el deporte internacional.