
La apertura de una farmacia privada en el municipio de Regla, La Habana, ha generado debate entre los cubanos por los precios de los medicamentos y suplementos que comercializa.
El establecimiento comenzó a funcionar después de que el Gobierno autorizara a empresas privadas, mipymes y cooperativas no agropecuarias a ofrecer determinados servicios farmacéuticos, en medio de una crisis de abastecimiento que mantiene a gran parte de la población con dificultades para encontrar fármacos básicos.
Según confirmó Periódico Cubano con algunos usuarios, el nuevo negocio despertó expectativas porque ofrece productos que escasean en la red estatal de farmacias. Sin embargo, los precios divulgados por un reportaje del canal Preval Official muestran que el acceso puede quedar limitado para muchos consumidores debido al deterioro del poder adquisitivo de los cubanos.
Medicamentos disponibles, pero con precios elevados
Entre los productos mostrados figura la cefalexina en polvo para preparar suspensión pediátrica, con un precio de 2.000 pesos cubanos (CUP). La nistatina se comercializa por 1.200 CUP, mientras que el ácido fólico en jarabe y la difenhidramina alcanzan los 1.800 pesos.
Otros medicamentos como la bromhexina y el jarabe Bronfarme tienen un costo de 2.000 CUP. Las soluciones antialérgicas y la loción Jupin aparecen por unos 1.000 CUP, mientras que algunos tés medicinales representan una alternativa más económica, con precios cercanos a los 100 pesos.
Los suplementos vitamínicos son los productos con mayor diferencia respecto a los ingresos promedio. Algunos alcanzan entre 2.000 y 3.000 CUP, una cifra que representa una carga significativa para trabajadores y jubilados.
Un medicamento puede consumir casi todo un salario mínimo
El impacto económico de estos precios se observa al compararlos con los ingresos oficiales. Desde julio de 2026, el salario mínimo nacional quedó establecido en 3.210 CUP mensuales.
Con esa referencia, un suplemento de 3.000 pesos equivale aproximadamente al 94 % de un salario mínimo. Un producto de 2.000 CUP representa cerca del 62 % de ese ingreso.
Para una familia que depende únicamente de salarios estatales, comprar un medicamento de este valor puede implicar reducir gastos destinados a alimentos, transporte u otras necesidades básicas.
Algunos consumidores reconocieron que, pese a los costos, existen productos que deben comprarse por necesidad. “Hay que comprarlo”, comentó un usuario al referirse a un suplemento vitamínico de 2.000 pesos. Otros resumieron la situación con una frase que refleja el malestar existente: “Es mejor no enfermarse en Cuba”.
Una medida que amplía la oferta, pero no resuelve la crisis
La principal crítica a las farmacias privadas no se centra únicamente en los precios, sino en la capacidad real de esta medida para solucionar la escasez de medicamentos.
El presidente Miguel Díaz-Canel reconoció recientemente que solo estaba disponible alrededor del 30 % del cuadro básico de medicamentos. Esto significa que una parte considerable de los productos incluidos en el listado oficial continúa sin presencia suficiente en las farmacias estatales.
Desde esa perspectiva, la apertura de nuevos establecimientos puede aumentar la disponibilidad para quienes tienen capacidad económica, pero no necesariamente garantiza una solución para la mayoría de la población.
El nuevo modelo farmacéutico autorizado por el Gobierno
La posibilidad de crear farmacias privadas surgió tras la entrada en vigor del Decreto 160, publicado en la Gaceta Oficial el 28 de julio de 2026.
La normativa permitió que empresas privadas, mipymes y cooperativas no agropecuarias gestionen determinados servicios farmacéuticos bajo requisitos específicos.
Los establecimientos deben contar con licencias correspondientes, cumplir condiciones de almacenamiento, controlar factores como temperatura y humedad, además de garantizar que los medicamentos tengan registro sanitario y autorización de venta.
Aunque la medida representa un cambio dentro del modelo estatal predominante durante décadas, sus resultados dependerán de si logra ampliar el acceso real a los medicamentos o si termina creando una alternativa disponible únicamente para una parte reducida de la población.