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Las fuertes lluvias de Oscar provocaron el colapso de la presa Pozo Azul en el Valle de Caujerí

Valle de Caujerí en Guantánamo
El Valle de Caujerí, situado en la provincia de Guantánamo, Cuba, es una región agrícola clave gracias a su clima favorable y suelos fértiles. (Imagen de referencia © Periódico Cubano – Grok)

La provincia de Guantánamo, en el oriente de Cuba, continúa enfrentando una grave crisis humanitaria tras el paso de la tormenta tropical Oscar que dejó al menos nueve muertes, más de 80 desaparecidos y numerosas comunidades incomunicadas.

Varios colaboradores de Periódico Cubano de la región confirmaron que las fuertes lluvias provocaron el colapso de la represa Pozo Azul en el Valle de Caujerí que sobrepasó en poco más de 24 horas su capacidad máxima de 14.8 millones de m³, inundando amplias zonas de los municipios costeros San Antonio e Imías. Con comunicaciones interrumpidas y carreteras intransitables, los esfuerzos de socorro han sido limitados.

El Valle de Caujerí es una fértil región agrícola ubicada en la provincia de Guantánamo, al sureste de Cuba. Reconocido por su clima favorable y sus suelos ricos, el valle es fundamental para la producción de cultivos como tomate, pimiento y tabaco. Su paisaje, rodeado de montañas, combina áreas de cultivo con zonas naturales, lo que lo convierte en un sitio destacado para la agricultura y un elemento clave en la economía local, además de ser conocido por su historia de proyectos agrícolas impulsados por el gobierno cubano.

El régimen de la Isla, en su afán de concentrar todo el poder de acción, solo ha autorizado a Cáritas como la única organización no gubernamental que puede prestar ayuda y que ha estado enviando suministros desde su sede en Guantánamo. Las donaciones incluyen alimentos no perecederos, agua potable en envases de 5 litros y otros productos esenciales. Sin embargo, las entregas se ven limitadas por las restricciones impuestas por el gobierno y las condiciones del terreno, con caminos intransitables y puentes dañados.

La falta de previsión por parte del gobierno ha sido ampliamente criticada. A pesar de la vulnerabilidad de la región, no se desplegaron equipos de comunicación de emergencia ni se activaron planes de defensa para alertar a la población. La ausencia de radiocomunicadores hizo imposible advertir a los residentes del peligro inminente, un error que, según algunos, podría haber evitado pérdidas humanas.

Los esfuerzos de socorro también se ven obstaculizados por la escasez de combustible, lo que limita la capacidad de transportar suministros a las comunidades más aisladas. Además, las condiciones del terreno, con lodo y agua estancada, hacen que sea difícil llegar a algunas áreas, donde las personas aún esperan asistencia. El mal manejo en la distribución de recursos ha dejado almacenes de alimentos con productos en mal estado, agravando la crisis alimentaria.

Los residentes de las zonas afectadas narran cómo fueron sorprendidos por la inundación durante la noche, sin previo aviso debido a la falta de alertas por parte de las autoridades locales. La desconexión eléctrica en toda la provincia durante tres días agravó la situación, dejando a las comunidades sin la capacidad de reaccionar a tiempo. Muchos se refugiaron en techos y segundos pisos, mientras que otros huyeron a las montañas cercanas en busca de un lugar seguro.

La iglesia local ha sido una de las pocas fuentes de información para los residentes y voluntarios, con informes de personas desaparecidas y desplazadas. Hasta el momento, se registran 76 desaparecidos en la región, aunque se teme que la cifra sea mayor. El acceso a las áreas más afectadas es limitado, y algunos sobrevivientes han optado por enviar listas de personas vivas y desaparecidas a través de mensajeros.

Las zonas agrícolas también han sufrido graves daños. En el valle de Caujerí, conocido por su producción de frutas y viandas, numerosos campesinos han perdido sus cultivos y ahora luchan por recuperar sus medios de vida. La falta de electricidad ha dificultado las tareas de rescate y las labores agrícolas, obligando a muchos a cocinar con leña húmeda.

La respuesta gubernamental sigue siendo limitada, con brigadas que trabajan para restablecer la electricidad en la ciudad de Guantánamo, proporcionando apenas 12 horas de energía al día. Este suministro parcial es insuficiente para enfrentar las necesidades urgentes de la población, lo que ha llevado a los voluntarios a depender de la solidaridad entre los residentes para llevar a cabo las labores de socorro.

Los esfuerzos para localizar a las personas desaparecidas continúan. Las familias que se han refugiado en montañas y zonas altas aún esperan ser rescatadas, y se requiere una mejor coordinación para llegar a las áreas más alejadas. La situación ha puesto en evidencia las limitaciones del sistema de emergencia cubano, que no logró reaccionar de manera efectiva ante la magnitud del desastre.

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