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Gobierno de Trump publica informe sobre la estrategia de espionaje de Cuba en EEUU

El presidente de EEUU, Donald Trump, en la Casa Blanca
El informe emitido por el gobierno de Trump habla de un modelo de “guerra de desgaste prolongada” basado en inteligencia y sabotaje. (Captura de pantalla © White House – YouTube)

El Departamento de Estado de Estados Unidos (DOS, por sus siglas en inglés) publicó el informe titulado ‘Cuba: la capital del terrorismo del siglo XXI’, un documento de 64 páginas que acusa al régimen castrista de sostener durante casi siete décadas una estrategia de espionaje, infiltración política y subversión ideológica contra Washington.

La divulgación de este informe eleva la tensión bilateral y coloca a La Habana en el centro de la campaña de la administración de Donald Trump contra lo que considera un resurgimiento del terrorismo de extrema izquierda.

El texto, consultado por Periódico Cubano, sostiene que el gobierno comunista aprovechó su inferioridad militar frente a EEUU para desarrollar un modelo de “guerra de desgaste prolongada” basado en inteligencia, sabotaje, organizaciones intermediarias y redes revolucionarias.

Según el DOS, esa estrategia habría conseguido penetrar instituciones estadounidenses, formar generaciones de activistas y respaldar movimientos violentos dentro del país.

La publicación se produjo días después de que el secretario de Estado, Marco Rubio, recibiera en Washington a representantes de 66 países para promover una alianza internacional contra el terrorismo político de extrema izquierda.

Durante la apertura, el funcionario cubanoamericano afirmó que las redes ideológicas y de inteligencia creadas por el castrismo contribuyeron a desarrollar movimientos radicales en EEUU y otras regiones de Occidente.

El informe presenta al aparato cubano como una estructura que sobrevivió a la desaparición de la Unión Soviética y adaptó sus métodos a distintos escenarios. Washington afirma que La Habana se convirtió en un punto de conexión entre los intereses de Rusia, China e Irán y organizaciones radicales que operan dentro de EEUU.

Entre sus principales argumentos, el documento señala que el régimen cubano se dedicó a reclutar y movilizar activistas, intelectuales y organizaciones políticas extranjeras alrededor de la revolución.

El DOS vincula esa influencia con grupos históricos como los Panteras Negras y Weather Underground, así como con movimientos recientes asociados a Antifa, colectivos contrarios al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas y organizaciones marxistas.

Un recorrido por la estrategia internacional del castrismo

El documento repasa la actuación exterior de Cuba desde el triunfo revolucionario de 1959. Sus capítulos analizan el nacimiento de la denominada nueva izquierda, el desarrollo del aparato de espionaje durante la Guerra Fría, los vínculos del castrismo con movimientos antirracistas estadounidenses y los viajes de activistas extranjeros a la Isla.

Uno de los apartados aborda el llamado “turismo revolucionario”, mediante el cual La Habana habría cultivado simpatizantes extranjeros a través de visitas y actividades de solidaridad.

Como ejemplo reciente, el informe cita el Convoy Nuestra América de marzo de 2026, una movilización destinada a transportar mercancías hacia Cuba desafiando las sanciones estadounidenses.

Según la documentación, en esa iniciativa participaron 120 organizaciones de 33 países. El texto menciona al comunicador Hasan Piker, al exlíder laborista británico Jeremy Corbyn, al exvicepresidente español Pablo Iglesias y a la hija de la congresista demócrata Ilhan Omar.

El informe también dedica atención a los Socialistas Democráticos de Estados Unidos, una organización con mayor presencia en la política local. La inclusión de colectivos legalmente activos dentro de un documento dedicado al terrorismo podría alimentar críticas sobre una posible mezcla entre militancia política, protesta social y violencia extremista.

La ofensiva diplomática ocurre mientras Washington mantiene una política de máxima presión sobre el gobierno cubano, que continúa restringiendo el pluralismo político, la libertad de prensa y la protesta.

Aunque las sanciones estadounidenses agravan las limitaciones económicas, la crisis también responde a décadas de centralización, ausencia de reformas estructurales y decisiones internas del régimen, que ha priorizado su supervivencia política sobre las necesidades ciudadanas.

El Departamento de Estado concluye que la precariedad económica cubana no debe confundirse con falta de capacidad para amenazar los intereses estadounidenses. A su juicio, el poder del castrismo nunca dependió exclusivamente de su fuerza militar, sino de su capacidad para influir, infiltrar instituciones y asociarse con adversarios de Washington.

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