
La eventual muerte de Raúl Castro podría abrir la disputa más profunda por el poder ocurrida dentro del régimen cubano desde 1959. El conflicto no enfrentaría únicamente a reformistas y conservadores, sino también a la estructura formal del Partido Comunista con la élite familiar, militar y empresarial que controla los principales recursos del país.
Hasta el cierre de esta nota (jueves 3 de septiembre; 07:30) no existía una confirmación oficial del fallecimiento del general. Las versiones disponibles se limitaban a informaciones sobre su hospitalización y delicada condición, recogidas en los reportes sobre el grave estado de salud de Raúl Castro publicados por Periódico Cubano.
La desaparición de Raúl no produciría automáticamente un vacío constitucional. Miguel Díaz-Canel ocupa la Presidencia y el puesto de primer secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC). Sin embargo, eliminaría al árbitro que todavía puede imponer disciplina entre los militares, los servicios de inteligencia, Gaesa, la burocracia partidista y los descendientes de la familia Castro.
El foco de la polémica está sobre Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conocido como “El Cangrejo”, nieto, guardaespaldas y hombre de confianza del general. Pese a no ocupar un cargo público conocido dentro del Gobierno, ha aparecido como interlocutor en los contactos con Estados Unidos.
“El Cangrejo” se mueve como representante de la familia Castro
Periódico Cubano ha informado sobre los contactos de “El Cangrejo” con altos funcionarios estadounidenses y miembros de la CIA, una señal de que determinados sectores intentan presentarlo como representante de la élite gobernante. La controversia aumentó después del reconocimiento de “El Cangrejo” como negociador autorizado por la máxima dirección cubana.
El propio Raúl Guillermo declaró en una entrevista con USA Today que estaba dispuesto a negociar con cualquier representante designado por Estados Unidos, incluido Donald Trump. La declaración resultó excepcional porque procedía de una persona sin responsabilidades formales dentro del Gobierno.
Días después, el primer ministro Manuel Marrero negó públicamente que existieran divisiones en la dirección cubana. Aseguró que el equipo encargado del diálogo tenía la confianza de Raúl Castro y de Díaz-Canel. La necesidad de realizar esa aclaración surgió precisamente después de que la entrevista de Raúl Guillermo provocara especulaciones sobre posibles fracturas en el poder.
Sin embargo, el régimen no ha explicado qué institución lo designó, cuáles son sus atribuciones ni por qué participa en asuntos diplomáticos. De ahí surge la pregunta sobre quién autorizó a “El Cangrejo” a negociar el futuro de Cuba con Estados Unidos.
Fuente cercana a la familia revela el vínculo con Raúl Castro
Juan Juan Almeida García, hijo del fallecido comandante Juan Almeida Bosque, vivió durante su infancia en la casa de Raúl Castro y estuvo presente el día en que nació Raúl Guillermo.
Según su testimonio, “El Cangrejo” es el nieto favorito del general y creció bajo una protección excepcional. Almeida sostiene que Raúl siempre estuvo profundamente apegado al joven y llegó a sobreprotegerlo.
Ese vínculo personal ayudaría a explicar por qué Raúl Guillermo puede intervenir en decisiones reservadas sin haber desarrollado una carrera pública comparable con la de los dirigentes tradicionales del PCC. Su influencia procedería directamente de la confianza familiar y no de una designación institucional.
También es hijo del fallecido general Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, quien dirigió Gaesa hasta su muerte en 2022. Por tanto, reúne dos conexiones esenciales: la cercanía personal con Raúl Castro y el vínculo familiar con el conglomerado empresarial de las Fuerzas Armadas.
¿El Cangrejo será el sucesor de Raúl Castro?
Sebastián Arcos, director interino del Instituto de Investigaciones Cubanas de la Universidad Internacional de Florida, considera que “El Cangrejo” funciona como un canal entre Raúl Castro y Estados Unidos porque disfruta de la confianza absoluta de su abuelo.
Sin embargo, Arcos no cree que tenga las condiciones para encabezar una transición. Señala que carece de experiencia gubernamental y de una posición institucional capaz de legitimar su ascenso. También considera que su pertenencia a la llamada “familia real” cubana lo convertiría en una figura inaceptable para buena parte de la oposición interna y del exilio.
El historiador y escritor Enrique del Risco plantea dos hipótesis diferentes. La primera es que Raúl Guillermo actúe como representante de Alejandro Castro Espín, hijo de Raúl y antiguo participante en las negociaciones secretas que precedieron al restablecimiento de relaciones diplomáticas con Barack Obama.
La segunda posibilidad es que estén preparando a “El Cangrejo” como sucesor de la dinastía y utilizando las conversaciones internacionales para proporcionarle una autoridad política que nunca obtuvo mediante cargos dentro del Gobierno o el Partido. Son interpretaciones de Del Risco, no hechos comprobados sobre un plan sucesorio.
El politólogo Orlando Pérez, profesor de la Universidad del Norte de Texas en Dallas, sostiene que el poder real cubano descansa en el clan Castro y en Gaesa, más que en la Presidencia ocupada por Díaz-Canel.
Pérez identifica a Roberto Morales Ojeda, secretario de Organización del Comité Central, como el sucesor convencional si el relevo se desarrolla por los canales del Partido. El problema para Morales Ojeda sería su falta de conexión directa con la estructura militar y empresarial.
Otro nombre mencionado por los analistas es Oscar Pérez-Oliva Fraga, sobrino nieto de Fidel y Raúl Castro, vice primer ministro y titular de Comercio Exterior. Su experiencia en Gaesa y su perfil tecnocrático podrían permitirle representar una apertura económica sin exhibir directamente el apellido Castro.
La disputa, por tanto, no tendría solamente dos protagonistas. En ella podrían competir Díaz-Canel, “El Cangrejo”, Alejandro Castro Espín, Pérez-Oliva Fraga y los dirigentes tradicionales del Partido.
Una fuente cercana a Díaz-Canel señala diferencias con Gaesa
Un reportaje de The New Yorker citó a una persona que conoce personalmente a Díaz-Canel y que aseguró que el gobernante estaría interesado en abrir la economía, pero habría sido bloqueado reiteradamente por Gaesa, que no desea enfrentar una mayor competencia.
La identidad de esa fuente no fue revelada y su versión no ha podido comprobarse de manera independiente. Por ello, no demuestra por sí sola la existencia de una ruptura. No obstante, apunta a una posible divergencia entre el Gobierno civil, interesado en obtener resultados económicos, y el conglomerado militar, preocupado por conservar su monopolio sobre los sectores más rentables.
De confirmarse ese desacuerdo, la muerte de Raúl Castro dejaría a Díaz-Canel frente a una estructura económica y militar que no depende completamente de la Presidencia.
En ese escenario, “El Cangrejo” podría defender los intereses familiares dentro de Gaesa, mientras Díaz-Canel trataría de preservar su autoridad formal y evitar convertirse en la figura sacrificada durante una negociación con Washington.
Comunistas de menor rango cuestionan el nepotismo
Las críticas contra el protagonismo del nieto no proceden únicamente de opositores y exiliados. También han aparecido dentro del espacio oficialista y entre militantes preocupados por el rumbo económico del país.
Un informe interno elaborado por militantes del PCC, al que tuvo acceso EFE, advirtió que algunas de las 176 reformas económicas aprobadas por el Gobierno superan lo considerado históricamente admisible dentro del socialismo cubano.
Alejandro Sánchez, secretario de la Unión de Jóvenes Comunistas en la Universidad de La Habana, reclamó que el poder no se ejerciera solamente desde arriba y pidió mayor participación y control popular.
La discusión se intensificó después de los cambios económicos anunciados por el Gobierno cubano y los riesgos atribuidos a las nuevas medidas.
El periodista oficialista Michel Torres, presentador del programa Con Filo de la televisión estatal, fue todavía más directo. Acusó a Raúl Guillermo de “usurpar las funciones del Gobierno” y cuestionó que asumiera un papel público para el cual nunca fue elegido.
Torres también denunció la impunidad de los descendientes de la cúpula, aunque aclaró que sus discrepancias no significaban un rompimiento con el régimen. A su juicio, dentro de Cuba existen posiciones heterogéneas, pero la unidad debe continuar siendo “monolítica”.
La posición de Torres refleja el dilema de los comunistas de menor rango: critican el nepotismo, los privilegios y la apertura al capital privado, pero temen que una fractura contribuya al final del sistema.
El cantante Israel Rojas, habitualmente cercano al discurso oficial, también reaccionó con desconcierto. Sus declaraciones sobre “El Cangrejo” pusieron en duda el supuesto comunismo de la élite gobernante. Díaz-Canel terminó respondiendo mediante declaraciones en las que negó una fractura interna por el protagonismo de “El Cangrejo”.
Mariela Castro representa la línea pública más dura
Mariela Castro, hija del general, ha exhibido una posición mucho más beligerante. Después de que su padre fuera imputado en Estados Unidos, declaró que la familia estaba “preparada para el combate” y aseguró que nadie lograría secuestrarlo.
Sus palabras muestran una defensa cerrada de su padre y del régimen, pero no revelan un proyecto sucesorio propio. Hasta ahora, no existe evidencia pública de que Mariela controle unidades militares, organismos de inteligencia o estructuras económicas capaces de sostener una candidatura al máximo poder.
Su perfil continúa asociado al Cenesex y a su actividad como diputada. En contraste, Alejandro Castro Espín conserva vínculos históricos con la seguridad, mientras “El Cangrejo” aparece en las negociaciones y Pérez-Oliva Fraga avanza mediante cargos gubernamentales.
Esto sugiere que la familia Castro no necesariamente opera como un bloque con funciones idénticas. Cada integrante ocupa un espacio diferente y podría defender intereses particulares durante el reparto del poder.
Cinco sectores podrían disputar el control del país
El primer sector sería la burocracia del PCC encabezada formalmente por Díaz-Canel. Su fortaleza está en el control institucional, pero depende de que los militares y los dirigentes territoriales continúen obedeciendo.
El segundo estaría formado por la estructura militar y empresarial de Gaesa, que controla buena parte de las divisas, el turismo, el comercio, las remesas y la infraestructura estratégica.
El tercero sería el grupo familiar asociado con “El Cangrejo” y Alejandro Castro Espín, interesado en preservar la seguridad, las propiedades y la influencia de la familia mediante una sucesión negociada.
El cuarto sector estaría representado por funcionarios tecnocráticos como Pérez-Oliva Fraga, partidarios de realizar cambios económicos suficientes para evitar el colapso sin desmontar el sistema político.
Finalmente, estarían los militantes tradicionales, dirigentes juveniles y cuadros intermedios que temen quedar excluidos por una nueva oligarquía familiar más interesada en los negocios que en la ideología comunista.
La guerra comenzaría con purgas, no con tanques
Ninguno de los especialistas citados puede asegurar que la muerte de Raúl Castro provocará un enfrentamiento armado. La expresión “guerra interna” describe, en primer término, una lucha política, económica y burocrática.
Esa disputa podría manifestarse mediante destituciones, investigaciones por corrupción, filtraciones, campañas de descrédito, vigilancia, restricciones de movimiento y purgas dentro del Partido, Gaesa o los organismos de seguridad.
La primera batalla sería por el control de las Fuerzas Armadas, el Ministerio del Interior, las comunicaciones, las reservas financieras y la representación ante Estados Unidos.
Uno de los desenlaces sería un pacto entre Díaz-Canel, los militares y la familia Castro para ejecutar una transición económica controlada. Otra posibilidad sería apartar a Díaz-Canel y colocar a una figura más útil para las negociaciones.
También podría producirse una reacción conservadora del Partido contra “El Cangrejo” y los sectores aperturistas. El escenario más peligroso surgiría si ninguna facción consigue imponerse y la disputa coincide con protestas populares, apagones, escasez y desobediencia territorial.
Ricardo Zúñiga, antiguo funcionario estadounidense involucrado en el acercamiento durante la era de Obama, ha advertido que un fracaso de las negociaciones podría generar resultados graves, incluyendo el intento de integrantes de la élite revolucionaria de convertir bienes estatales en fortunas privadas.
La muerte de Raúl Castro no garantizaría el final del régimen. Pero eliminaría al último jefe con autoridad histórica para contener las ambiciones de la familia, los militares, los tecnócratas y los comunistas que comienzan a sentirse traicionados por sus propios dirigentes.
