
A casi una semana del paso del huracán Melissa por Santiago de Cuba, la ciudad sigue sumida en el caos. Los daños visibles en calles, viviendas y servicios públicos revelan que la recuperación avanza lentamente.
En el hospital oncológico Conrado Benítez, uno de los principales de la provincia, las condiciones son críticas: árboles caídos bloquean los accesos, la limpieza es inexistente y los pacientes se bañan con agua contaminada.
Reportes enviados a nuestra redacción muestran la entrada del hospital cubierta por ramas y troncos que no han sido retirados desde el impacto del huracán. Las imágenes, captadas por trabajadores del propio centro, evidencian un abandono prolongado que ha convertido el entorno sanitario en un foco de insalubridad.
Fuentes internas aseguran que las auxiliares de limpieza no han asistido desde el paso del fenómeno. Los baños permanecen sucios y sin mantenimiento, y el agua que llega a las salas no es apta para el consumo humano. “Nos estamos bañando con el agua sucia que llega a toda la ciudad”, denunció una paciente en comunicación con este medio.
En los alrededores del cuerpo de guardia, se observan decenas de personas que acuden a cargar sus teléfonos cuando se activa la planta eléctrica del hospital. Con la ciudad de Santiago de Cuba aún sin electricidad, el centro médico se ha convertido en uno de los pocos puntos donde los ciudadanos pueden acceder a energía temporal.
El ambiente dentro y fuera del hospital refleja una crisis sanitaria en aumento. La acumulación de basura, la falta de agua potable y la carencia de personal de limpieza incrementan el riesgo de enfermedades infecciosas.
En el resto de la ciudad, la situación no es mejor. Calles llenas de escombros, postes caídos y árboles derribados dan la impresión de que el huracán pasó hace apenas unas horas. Las brigadas de limpieza brillan por su ausencia y los servicios públicos operan con mínima capacidad.
Los apagones prolongados afectan también la conservación de alimentos y medicamentos. Comerciantes y familias reportan pérdidas de productos básicos por la falta de refrigeración. La escasez de agua limpia complica además la preparación de alimentos y la higiene diaria.
A pesar de los partes oficiales que aseguran un “avance sostenido” en la recuperación, los testimonios desde Santiago muestran una realidad muy distinta. Los residentes coinciden en que no se perciben brigadas estatales trabajando de forma continua ni equipos de recogida de escombros.
La población, sin embargo, intenta reaccionar con sus propios medios. Vecinos de algunos barrios han comenzado a organizarse para despejar calles y recolectar agua y alimentos entre ellos.
El huracán Melissa golpeó Santiago de Cuba con vientos intensos, pero los efectos de su paso siguen marcando la vida cotidiana de sus habitantes. La emergencia sanitaria y la falta de servicios básicos mantienen a la ciudad paralizada.
Para los santiagueros, el desastre no terminó con el fin del huracán. Una semana después, el hospital oncológico, símbolo del colapso institucional, sigue sin limpieza, sin agua y sin esperanza de una pronta recuperación.