
El gobierno cubano no concentra su estrategia de espionaje contra Estados Unidos en reclutar mercenarios interesados únicamente en el dinero. La Dirección de Inteligencia de la Isla (DI) busca principalmente personas con afinidad ideológica, capacidad para pasar inadvertidas, acceso potencial al gobierno y disposición para trabajar durante años sin recibir beneficios económicos visibles.
“Son personas convencidas de las ideas defendidas por el sistema comunista y dispuestas a colaborar con La Habana por lealtad política, no por grandes pagos”, dice el informe “Cuba: la capital del comunismo del siglo XXI”, resumido por Periódico Cubano.
Esta forma de reclutamiento ofrece una ventaja importante frente a los sistemas utilizados por otros países. Un agente que recibe cantidades elevadas de dinero puede dejar rastros mediante depósitos bancarios, compras costosas, viajes inexplicables o deudas canceladas. Los colaboradores ideológicos, en cambio, pueden operar durante décadas sin mostrar cambios financieros que despierten sospechas.
La Dirección de Inteligencia, conocida hasta 1989 como Dirección General de Inteligencia, también busca individuos disciplinados, pacientes y capaces de mantener una doble vida durante largos periodos.
El objetivo no siempre es obtener documentos secretos de manera inmediata, sino colocar a una persona en condiciones de ascender profesionalmente hasta alcanzar posiciones de influencia o acceso.
“Futuros espías” son buscados en las universidades estadounidenses
Por ese motivo, las universidades estadounidenses aparecen como uno de los espacios prioritarios para el reclutamiento. La inteligencia cubana se interesa por estudiantes de pregrado y posgrado que todavía se encuentran formando sus convicciones políticas y que podrían ocupar, años después, cargos relevantes dentro del gobierno, centros de investigación, organizaciones sociales o instituciones vinculadas con la seguridad nacional.
El perfil ideal incluye afinidad con movimientos de izquierda, simpatía por el gobierno cubano y apertura hacia discursos presentados como antiimperialistas o revolucionarios.
La Habana puede acercarse a esos posibles colaboradores mediante intercambios académicos, becas, conferencias, viajes, investigaciones conjuntas y relaciones con instituciones cubanas. Según el informe, la Universidad de La Habana mantenía, a partir de 2023, acuerdos educativos con casi 80 universidades estadounidenses.
La facilidad para infiltrarse en la comunidad cubana
Otra característica valorada es la capacidad de integrarse culturalmente en EEUU. Los agentes cubanos pueden desenvolverse con facilidad en comunidades hispanas, grupos del exilio, campus universitarios y círculos políticos o activistas.
Su idioma, apariencia y conocimiento de la sociedad estadounidense les permiten operar con menor visibilidad que agentes procedentes de otros países adversarios.
La inteligencia cubana no exige que todos sus colaboradores tengan acceso inmediato a información clasificada. Su doctrina contempla distintos niveles de participación. Una persona puede funcionar como “vínculo útil” si posee contactos, influencia pública o capacidad para promover posiciones favorables a La Habana, aunque nunca llegue a manejar secretos gubernamentales.
En otro nivel aparecen los actores híbridos, que combinan influencia política con tareas de recopilación de información. Pueden mantener contactos conscientes con funcionarios cubanos, transmitir datos sensibles o favorecer determinados intereses sin utilizar necesariamente métodos clandestinos propios de un agente profesional.
El perfil más avanzado corresponde al espía plenamente reclutado. Para ese trabajo se requieren motivación ideológica, acceso a información relevante, entrenamiento, comunicaciones secretas y disciplina operacional. La Habana prioriza la permanencia y la capacidad de infiltración sobre los resultados rápidos.
El caso del mayor Florentino Aspillaga Lombard permitió conocer la magnitud de esas operaciones. El oficial desertó en 1987, después de cruzar desde Checoslovaquia hacia Austria y presentarse en la Embajada de EEUU en Viena.
Había ocupado importantes responsabilidades dentro de la inteligencia cubana y recibido reconocimiento personal de Fidel Castro. Aspillaga reveló que prácticamente todos los agentes que la CIA creyó haber reclutado en Cuba desde la invasión de Bahía de Cochinos eran, en realidad, dobles agentes controlados por La Habana.
Generar confianza en el adversario
La revelación evidenció otra cualidad buscada por la Dirección de Inteligencia: la capacidad de generar confianza en el adversario. Un agente cubano debe sostener durante años una identidad creíble, controlar sus emociones, obedecer instrucciones y proporcionar información verdadera mezclada con datos falsos para evitar ser descubierto.
La estrategia tampoco separa claramente el espionaje de la propaganda. La misma persona puede recopilar información, influir en debates públicos, promover decisiones políticas, defender los intereses de La Habana o desacreditar a sectores críticos del gobierno cubano.
El informe también señala que las misiones diplomáticas cubanas en Washington y ante las Naciones Unidas han servido históricamente como centros de operaciones. En 2003, Estados Unidos expulsó a 14 diplomáticos cubanos por realizar actividades consideradas incompatibles con sus cargos oficiales.
Tras la caída de la Unión Soviética, Cuba perdió recursos, pero conservó técnicas, archivos y redes. La información obtenida en EEUU, que anteriormente era compartida con el KGB, habría pasado a beneficiar a gobiernos como los de Rusia, China, Irán y Corea del Norte.