
Esto será un choteo total, porque hay cosas que, si uno no se ríe de ellas, termina llorando. Mira que hicieron esfuerzos estos comunistas por robarnos a Dios. ¡Mira que hicieron esfuerzos!
Lo metieron en la escuela: “¡Dios no existe!”. Lo llevaron al trabajo, a la televisión, a la radio, a la prensa. Y durante años nos repitieron que creer en Dios era una desviación propia de gente atrasada.
Y para darle categoría de ciencia a semejante cantaleta inventaron aquello de: ¡COMUNISMO CIENTÍFICO! ¡Ave María! ¿Qué tenía de científico decir que Dios no existe? ¿Dónde estaba el laboratorio? ¿El microscopio? ¿El experimento?
—¿Cómo saben que Dios no existe?
—Porque lo dice el materialismo científico.
—¿Y quién lo demostró?
—Marx.
—¿Y cómo lo supo Marx?
—Bueno… Marx era Marx.
¡Se acabó la investigación! ¡Cierren el laboratorio! Lo curioso es que para no tener fe había que tener mucha fe: fe absoluta en Marx, en Lenin, en el Partido y en todos aquellos señores que habían decidido explicar hasta lo que uno debía pensar.
Pero ocurrió algo que aquellos científicos de la ideología no calcularon: ¡el pueblo no cooperó! Los viejos siguieron rezando. Las abuelas siguieron guardando estampitas. Las madres continuaron enseñando a sus hijos quién era Dios.
Y después vino lo más desconcertante: ¡la juventud! Esa misma juventud educada durante años en el ateísmo obligatorio comenzó a preguntar: —¿Y Dios?
¡Qué mala costumbre esa de pensar por cuenta propia! Mientras el sistema proclamaba que la religión era cosa del pasado, mucha gente volvía a las iglesias, buscaba respuestas espirituales y recuperaba una fe que creía desaparecida.
¡Qué fracaso tan poco científico! Porque puedes controlar una escuela, una prensa, una radio, una televisión y hasta una reunión del Partido. Pero hay algo bastante más difícil de controlar: lo que un ser humano piensa cuando cierra la puerta de su casa.
Ahí no llega el Comité. Ahí no llega el discurso. Ahí queda el individuo consigo mismo. Y quizá por eso Dios sobrevivió a tantos discursos. Sobrevivió a Marx, a Lenin, a Stalin y a Fidel. Y, por lo visto, sobrevivirá también a todos los funcionarios que todavía creen que pueden administrar la conciencia humana desde una oficina.
¡Qué cosa más curiosa! El “comunismo científico” quiso demostrar científicamente que Dios no existía… y terminó demostrando algo mucho más interesante: que no es tan fácil sacar a Dios del corazón de un pueblo.
Después de tantos años diciendo “¡Dios no existe!” todavía hay cubanos que responden: “Bueno, chico… por si acaso”. ¡Y ahí se acabó el experimento! Hicieron una revolución para fabricar al hombre nuevo. Lo educaron, lo adoctrinaron, lo organizaron y le explicaron hasta lo que debía creer.
Y después de todo aquello… el hombre siguió siendo hombre. Con sus dudas, sus esperanzas, sus miedos, su conciencia… y, para desgracia de los ingenieros del ateísmo oficial, con Dios.
Así que tanto esfuerzo, tanta doctrina, tantos discursos y tanta “cientificidad”… ¡para terminar perdiendo la batalla contra una abuela rezando el rosario en la sala de su casa! Eso sí merece un estudio científico. Pero, por favor… que no lo escriba el Partido!!!