
Luis Domínguez, investigador y activista de la Fundación para los Derechos Humanos en Cuba, reveló en conversación con el periodista Mario Pentón imágenes satelitales y un video que atribuye a una residencia de Ramiro Valdés Menéndez en La Habana, pocos días después de la muerte del histórico comandante de la Revolución y exministro del Interior.
Según la información expuesta, la propiedad está ubicada en 5ta Avenida 26202, en Santa Fe, municipio Playa. Domínguez mostró imágenes aéreas del inmueble y aseguró que se trata de una casa de gran tamaño, con una piscina de unos 25 metros, fuerte vigilancia, cámaras de seguridad y perros entrenados.
El material incluiría además un video grabado dentro de la residencia, donde aparece un oficial del Ministerio del Interior entrenando perros presuntamente destinados a la protección del comandante. La denuncia vuelve a colocar bajo escrutinio el contraste entre el discurso oficial de austeridad y los privilegios atribuidos durante décadas a figuras de la cúpula cubana.
La propiedad de Ramiro Valdés en La Habana
La dirección mencionada por Domínguez no aparece por primera vez en reportes públicos. En investigaciones anteriores sobre cubanos fugitivos de la justicia estadounidense refugiados en la isla, esa zona de 5ta Avenida, en Santa Fe, fue descrita como un área de acceso restringido, donde residir requeriría autorización especial.
De acuerdo con la información presentada ahora, la casa atribuida a Valdés estaría protegida por varios niveles de seguridad. Además de cámaras y vigilancia permanente, Domínguez mencionó perros entrenados, un detalle que cobra peso por el video facilitado a Pentón.
La ubicación exacta y las características físicas de la propiedad deberán ser verificadas de forma independiente, pero la denuncia se suma a señalamientos previos sobre propiedades, embarcaciones y privilegios asociados a Valdés, uno de los dirigentes más poderosos del castrismo.
La viuda y los hijos menos visibles de Ramiro Valdés
La revelación aparece cuando también ha vuelto a circular información sobre la familia del fallecido comandante. Su viuda es Alicia Alonso Becerra, ingeniera, académica y funcionaria vinculada al sistema de Educación Superior en Cuba. Fuentes públicas la identifican como exrectora de la CUJAE y viceministra del Ministerio de Educación Superior.
Con Alonso Becerra, Valdés tuvo tres hijos: Fidel, Ernesto y Alicia Valdés Alonso, según reportes de prensa. Ernesto Valdés Alonso aparece como el miembro con mayor exposición pública, por su trabajo diplomático en España, donde ha sido identificado como funcionario de la Embajada de Cuba en Madrid en áreas de prensa, cultura y asuntos culturales.
Fidel Valdés Alonso figura asociado a actividades técnicas y empresariales vinculadas a la Zona Especial de Desarrollo Mariel, mientras que sobre Alicia Valdés Alonso existe poca información pública verificable. A esa rama familiar se suman otros nombres reportados con anterioridad, como Ramiro Valdés Puentes, radicado en Miami, y Agustín Valdés, mencionado en reportes antiguos como residente en Madrid.
Periódico Cubano pudo verificar la identidad de los hijos de Ramiro Valdés, así como el papel de su viuda en el poder del régimen y los negocios de su cuñada, Beatriz Alonso Becerra. Luis Domínguez aseguró que existe otra hija radicada en Miami de nombre Ileana Valdés.
Un símbolo del poder duro del castrismo
Ramiro Valdés murió el 21 de junio de 2026 en La Habana, a los 94 años. El oficialismo lo despidió como “héroe” de la Revolución, pero para opositores, víctimas del sistema y organizaciones de derechos humanos fue una de las figuras centrales en la creación del aparato represivo del Estado cubano.
Fue fundador de estructuras de inteligencia y seguridad, ocupó el Ministerio del Interior en etapas clave y estuvo vinculado al control político interno durante décadas. Su trayectoria lo convirtió en uno de los rostros más temidos del castrismo, especialmente por su papel en la vigilancia, la represión y la consolidación institucional del régimen.
Las imágenes y el video revelados por Domínguez reabren ahora otra dimensión del legado de Valdés: la vida privada de una élite que, mientras defendía públicamente el sacrificio y la lealtad ideológica, habría disfrutado de condiciones reservadas para muy pocos cubanos.