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La sentencia de Anna Bensi: ¿será la gota que desborde el vaso?

Juicio contra Anna Bensi
El caso de Anna Bensi y su madre puede estar siendo observado también como un termómetro político. (Captura de pantalla © Podcast Conversamos – YouTube)

Hay acontecimientos que deben analizarse no solamente por lo que son, sino por lo que pueden significar. La sentencia contra Anna Bensi y su madre, dos años de limitación de libertad para cada una, no es solo otro episodio dentro de la larga lista de procesos judiciales que han marcado la Cuba contemporánea.

El verdadero significado de este caso podría encontrarse en otra parte: en la reacción que provoque en una sociedad cansada, temerosa y sometida durante décadas a la presión del poder.

Y aquí aparece una pregunta que, a mi juicio, merece mucha más atención que la propia sentencia: ¿Está el régimen midiendo hasta dónde puede llegar? Mi impresión es que sí.

Un poder político que se siente completamente seguro de sí mismo no necesita medir constantemente la reacción de la sociedad. Pero un poder que enfrenta una crisis profunda de legitimidad, económica y social debe observar, calcular y tantear.

El caso de Anna Bensi como termómetro político en Cuba

Por eso considero que el caso de Anna Bensi puede estar siendo observado también como un termómetro político. No se trata solamente de saber qué hará un tribunal. Se trata de saber qué hará la gente.

El poder conoce perfectamente la diferencia entre una condena que pasa inadvertida y una condena que convierte a dos mujeres en un símbolo nacional. Sabe que determinados procesos pueden generar miedo, pero también sabe que otros pueden producir lo contrario: indignación, solidaridad y, eventualmente, movilización.

Ahí está la verdadera incógnita. ¿Hasta dónde llegará la sociedad cubana? ¿Seguirá observando desde las ventanas y las redes sociales? ¿O llegará un momento en que la injusticia contra otros sea percibida como una amenaza contra todos?

No afirmo que el régimen vaya necesariamente a retroceder. Sería aventurado presentarlo como un hecho. Pero sí considero razonable plantear una hipótesis: la reacción social puede influir en la manera en que el poder decida ejecutar, modificar o eventualmente reconsiderar determinadas decisiones.

La activista cubana Anna Bensi y su madre han sido condenadas por hacer uso de su libertad de expresión en Cuba. (Captura de pantalla © Alfredito Fominaya – Facebook)

La historia demuestra que los gobiernos autoritarios también calculan. Y calculan especialmente cuando perciben que una decisión determinada puede producir un efecto social mayor del esperado.

Por eso, el caso Bensi tiene un significado que trasciende a Anna Bensi. La cuestión fundamental ya no es únicamente qué hizo el tribunal. La cuestión es qué hará el pueblo cubano frente a lo ocurrido.

Porque una sociedad puede acostumbrarse a la injusticia hasta convertirla en paisaje. Pero también puede llegar un momento en que una nueva injusticia deje de ser simplemente una injusticia más y se transforme en el símbolo de todas las anteriores.

Ese es el punto que debemos observar. No estoy llamando a nadie a la violencia. Al contrario. Una protesta ciudadana pacífica, cuando nace de una convicción auténtica, puede revelar mucho más que cualquier discurso político.

Si ante el caso de Anna Bensi la sociedad permanece completamente paralizada, el poder habrá recibido una señal. Si, por el contrario, aparecen expresiones pacíficas, numerosas y sostenidas de solidaridad, también habrá recibido otra señal.

Y esa señal podría ser mucho más importante que la propia sentencia. Porque los gobiernos pueden controlar tribunales, policías, medios de comunicación y estructuras administrativas. Pero hay algo mucho más difícil de controlar: el momento en que una sociedad pierde el miedo.

Quizás por eso este caso merece ser observado desde otra perspectiva. No solamente para saber qué sucederá con Anna Bensi. Sino para saber qué está sucediendo dentro del pueblo cubano. ¿Está dispuesto a seguir soportando en silencio? ¿O esta vez la indignación comenzará a convertirse en acción ciudadana?

La respuesta no la tienen las redes sociales. La respuesta la tiene el pueblo. Y quizá, precisamente por eso, esta sentencia pueda terminar siendo mucho más que una sentencia. Podría ser la gota que desborde el vaso.

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