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Los negocios que Trump miró en Cuba antes de hablar de “tomar” la isla

Los negocios que Trump miró en Cuba antes de hablar de “tomar” la isla
El primer acercamiento conocido ocurrió en 1998, cuando Trump Hotels & Casino Resorts envió consultores a La Habana para explorar oportunidades comerciales. (Foto © Periódico Cubano)

Donald Trump lleva varios meses colocando a Cuba en el centro de la agenda política al sugerir que Estados Unidos podría “liberar” o incluso “tomar” la isla, mientras mantiene una política de presión sobre el régimen comunista.

El mandatario describió a Cuba como un país debilitado, fallido y en retroceso. Sus declaraciones reabrieron la pregunta sobre qué busca realmente en La Habana: un cambio político profundo, una negociación con la cúpula del régimen o la apertura de espacios económicos para intereses estadounidenses, incluida su propia Organización Trump.

De acuerdo con un artículo de investigación de BBC Mundo, el propio Trump miró varios negocios en Cuba, mucho antes de hablar de “tomar” la isla.

Los negocios que Trump evaluó en Cuba

Más allá de sus mensajes políticos, el artículo recuerda que Trump mostró interés económico en Cuba mucho antes de llegar a la Casa Blanca. Su compañía registró la marca “TRUMP” en la isla para posibles operaciones en bienes raíces, hoteles, restaurantes, clubes nocturnos, entretenimiento y actividades deportivas.

Para William LeoGrande, profesor de American University y experto en la política estadounidense hacia América Latina, existía un interés claro en colocar la marca Trump en un hotel cubano o incluso desarrollar campos de golf.

El primer acercamiento conocido ocurrió en 1998, cuando Trump Hotels & Casino Resorts envió consultores a La Habana para explorar oportunidades comerciales.

El exilio cubano en Florida no solo estaría pidiendo una acción; podría estar empujando a Trump a considerar que ya tiene base política para ejecutarla. (Captura de pantalla © Casa Blanca – YouTube)

Según una investigación publicada por Newsweek en 2016, la compañía gastó al menos 68.000 dólares en ese viaje. La operación habría incluido contactos con funcionarios del gobierno de Fidel Castro y fue canalizada mediante Seven Arrows Investment & Development Corp., que habría sugerido vincular los gastos a una organización benéfica católica para aparentar legalidad bajo el embargo.

Viajes, registros y dudas legales

La revelación provocó cuestionamientos durante la campaña presidencial de 2016. Rivales de Trump lo acusaron de contradecir su discurso contra el deshielo con Cuba y de haber podido violar las sanciones estadounidenses.

Él negó haber hecho negocios en la isla y afirmó que nunca cerró un acuerdo. Su portavoz, Kellyanne Conway, sostuvo entonces que la publicación solo hablaba de pagos realizados en 1998 y rechazó que se tratara de una inversión.

El abogado Robert Muse, especialista en sanciones a Cuba, explicó a BBC Mundo que en 1998 un viaje con fines comerciales habría requerido una licencia específica de la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro.

Según su criterio, esa autorización no habría sido concedida si el objetivo era evaluar oportunidades de inversión. Esa lectura aumentó las dudas sobre el verdadero alcance de aquellas gestiones.

El interés empresarial de Trump también se entiende por el peso histórico de Cuba como antiguo destino turístico y de inversión estadounidense. Antes de 1959, la isla recibió capital en hoteles, casinos y clubes nocturnos.

Tras la llegada de Fidel Castro al poder, el régimen nacionalizó empresas extranjeras, incluidos hoteles de EEUU. El antiguo Habana Hilton, convertido en Habana Libre, quedó como símbolo de ese cambio político y económico.

Cuba como oportunidad económica

La marca TRUMP figura en el sitio en internet de la Oficina Cubana de la Propiedad Industrial de Cuba como registrada en 2010 e invalidada más tarde. (Imagen incrustada con HTML – BBC Mundo)

La marca “TRUMP” fue solicitada en Cuba en octubre de 2008 por la abogada cubana Leticia Bermúdez y aprobada en 2010, con vencimiento previsto para octubre de 2018.

Actualmente aparece como invalidada en la Oficina Cubana de la Propiedad Industrial. Aunque el registro no derivó en proyectos concretos, muestra que la Organización Trump observó a Cuba como un posible mercado en sectores asociados al turismo y los servicios.

El artículo también menciona viajes de ejecutivos y asesores de la Organización Trump a Cuba entre 2011 y comienzos de 2013. Edward Russo, asesor ambiental vinculado a negocios de golf, negó que esos desplazamientos fueran en nombre de la compañía y habló de observación de aves y hábitats.

Eric Trump, en cambio, dijo que era importante conocer la dinámica de los mercados que exploraban sus competidores, aunque no estuviera claro si Cuba representaba una oportunidad.

En 2016, Trump respondió a CNN que abriría un hotel en La Habana “en el momento correcto” y cuando estuviera permitido. También criticó la normalización de relaciones impulsada por Barack Obama, al afirmar que debía lograrse un acuerdo mejor.

Meses después, Miguel Fluxà, presidente del Grupo Iberostar, declaró que Trump había intentado negociar hoteles en Cuba poco antes de ganar las elecciones.

La tensión central sigue sin resolverse: no está claro si la estrategia de Trump hacia Cuba responde solo a objetivos políticos o si también está marcada por su historial empresarial. LeoGrande considera que la respuesta dependerá de las exigencias que Washington llegue a plantear a La Habana.

Si las negociaciones terminan centradas en concesiones económicas, sería difícil separar la presión política actual del antiguo interés de Trump en hacer negocios en la isla.

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