
El paso del huracán Melissa ha dejado una huella de devastación en el oriente de Cuba, y los esfuerzos por la recuperación siguen siendo insuficientes ante las dimensiones de la catástrofe.
Luego de regresar de un viaje al Oriente Medio, este miércoles, el primer ministro cubano, Manuel Marrero Cruz, recorrió las zonas afectadas del municipio Cauto Cristo, en la provincia de Granma, donde las inundaciones causaron daños significativos a las viviendas, cultivos y animales de la región.
La solución de Marrero Cruz para paliar el hambre en la zona fue “vender un poquito de viandas” a los damnificados del huracán. El también miembro del Buró Político propuso acelerar el censo de afectados para que a las familias que estén muy necesitadas de dinero se les puedan dar recursos económicos. El dirigente no aclaró si la ayuda llegará en calidad de préstamo o a fondo perdido.
En ese Consejo Popular fueron afectadas más de 200 viviendas, además de 70 km de viales y la pérdida de ganado mayor y otras especies. Los esfuerzos para restablecer las condiciones mínimas de vida se han centrado en la distribución de bienes esenciales, como colchones y utensilios para la vivienda.
Según fuentes locales, ya se han entregado 50 cameros y 26 colchones, pero esa cantidad es mínima. Marrero intentó calmar a la población argumentando que están llegando al país donaciones internacionales, pero advirtió que la situación de Cuba es compleja.
“Esto no nos llega en un momento complejo, es decir, no es que estábamos bien y ahora estamos peor, no es que ya estábamos mal, ya teníamos bastante problema, el dengue, las enfermedades, ya no solamente lo que me afectó Melisa, sino los problemas que ya se que había acumulado y nosotros tenemos que enfrentarlos todos y no tendemos la posibilidad de resolverlo de un día para otro, pero iremos dando solución y buscando la alternativa”, dijo el también coronel de las Fuerzas Armadas.
Las promesas del Gobierno, que incluyen el seguimiento continuo a la situación y la atención constante en las comunidades afectadas, se ven empañadas por la falta de recursos y el desbordamiento de la crisis. A pesar de la reiterada afirmación de Marrero de que “nadie quedará desamparado”, las soluciones propuestas, como la venta de viandas, demuestran una falta de planificación efectiva y la incapacidad de atender la magnitud del desastre.
Muchos cubanos se sienten abandonados, no solo por la devastación provocada por el huracán, sino por las políticas públicas que no logran dar una respuesta adecuada. Las largas promesas de recuperación y la constante necesidad de “buscar soluciones alternativas” dejan claro que la dictadura cubana no tiene la capacidad de abordar, de manera eficiente y humana, las crisis recurrentes que aquejan a la isla.