
La crisis energética en Cuba se intensifica mientras el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, su esposa y una amplia comitiva oficial, están de gira por Asia. Según las autoridades de la Unión Eléctrica (UNE), para el martes 2 de septiembre se pronostica casi 2.000 MW de afectación.
La causa principal es la escasez de combustible, pues el país no tiene dinero para comprar hidrocarburos. Mientras tanto, la alta cúpula está de visita por Vietnam, China y Laos en un avión rentado a la española Plus Ultra que cuesta más de 100.000 dólares.
En la noche del pasado lunes, la primera del actual curso escolar, la afectación al servicio eléctrico llegó a 1.961 MW, superior a lo planificado. Según datos proporcionados por la UNE, el déficit de generación se agravó debido a un fallo en la válvula de gas de la planta Energás Jaruco, que dejó fuera de servicio 150 MW.
El pronóstico para el mediodía del 2 de septiembre anticipa que la afectación se mantendrá en 1.400 MW, mientras que se proyecta un escenario aún más crítico durante las horas pico, con una disponibilidad de 1.844 MW y una demanda de 3.750 MW. Este desequilibrio generará un déficit de 1.976 MW.
El contexto de esta crisis no es nuevo. La Isla arrastra problemas estructurales en su infraestructura energética desde hace años. El déficit actual se suma a las constantes averías y problemas de mantenimiento de las plantas térmicas, con unidades de la CTE Santa Cruz, Renté y Felton fuera de servicio.
Las limitaciones térmicas también contribuyen al panorama sombrío, con 384 MW fuera de funcionamiento por estos motivos. Además, los problemas de suministro de combustible continúan, afectando aún más la capacidad de producción.
Los efectos de la crisis energética son devastadores para la población. En las redes sociales, los usuarios denuncian que los prolongados apagones afectan la calidad de vida, dificultan el inicio del curso escolar y deterioran el bienestar general.
La escasez de electricidad afecta desde las actividades cotidianas más básicas, como la preparación de alimentos, hasta las tareas escolares, ya que los niños deben enfrentar largas horas sin acceso a internet ni a la electricidad que permita el uso de equipos informáticos.
Los comentarios en las redes reflejan un creciente malestar con la gestión de la eterna crisis; sin embargo, la indignación no siempre pasa más allá del mundo virtual y pocas veces los cubanos salen a las calles con cacerolazos para ejercer presión sobre los gobernantes.
Muchos usuarios acusan a las autoridades de no tomar medidas eficaces para resolver la crisis energética y critican su falta de transparencia sobre el destino de las donaciones de combustible y alimentos.
Mientras tanto, el pueblo sufre las consecuencias de un sistema eléctrico obsoleto, mientras que los dirigentes continúan con privilegios que contrastan con las dificultades diarias de la ciudadanía.