
En el Día de Acción de Gracias, los cubanos no tienen motivos ni nada que agradecer. Más allá de cualquier gesto de aparente optimismo del gobierno de Miguel Díaz-Canel, el futuro de Cuba se vislumbra negro y con pespuntes grises.
La realidad es que el país se encuentra sumido en una crisis profunda, en la que la falta de acción y de soluciones tangibles por parte del régimen comunista es cada vez más evidente.
Un sistema eléctrico en ruinas
Uno de los sectores más emblemáticos de la debacle cubana es el sistema eléctrico. Desde hace años, los apagones son una constante en la vida diaria de los ciudadanos, y aunque el gobierno se empeña en culpar a factores externos como el embargo o el “bloqueo”, la verdadera raíz del colapso energético radica en la falta de inversión y la incapacidad para gestionar el sector.
Las plantas termoeléctricas, que deberían garantizar el abastecimiento eléctrico a la población, están obsoletas y mal mantenidas, mientras que las nuevas iniciativas, como los proyectos de energía renovable, son lentas y poco eficaces. El colmo ha sido la publicación de un decreto-ley que codifica y legaliza los apagones de hasta 72 horas.
El problema del petróleo, tan vital para el funcionamiento de las plantas generadoras de electricidad, también refleja el fracaso del modelo económico cubano. La escasez de combustible es una de las principales razones detrás de los apagones, pero el gobierno sigue ofreciendo promesas vacías sin realizar las inversiones necesarias para asegurar el suministro.
La ruina de la producción nacional
La producción en las empresas estatales cubanas sigue siendo ineficiente, con niveles de productividad extremadamente bajos, y la mayoría de ellas apenas logra cubrir las necesidades básicas del mercado interno. La falta de incentivos, la centralización extrema del poder y las carencias tecnológicas han condenado a la industria nacional a una parálisis que resulta cada vez más difícil de justificar.
El gobierno cubano ha sido incapaz de implementar reformas profundas que mejoren la competitividad del sector privado o incentiven el crecimiento de las mipymes (micro, pequeñas y medianas empresas), que podrían ser la clave para sacar al país de su estancamiento.
Las pocas empresas que logran funcionar con algo de éxito se ven atrapadas por las restricciones burocráticas, la falta de insumos y las políticas erráticas que impiden su expansión. En lugar de crear un entorno favorable para los emprendedores, el gobierno sigue favoreciendo el control centralizado, lo que agrava la crisis económica y limita las oportunidades para los ciudadanos.
La caída de las inversiones extranjeras
La falta de confianza en la economía cubana también se refleja en la disminución de las inversiones extranjeras. Durante años, Cuba ha intentado atraer capitales internacionales, pero los resultados han sido decepcionantes. Incluso sus aliados más cercanos, como China, han reducido sus compromisos con la isla.
El gigante asiático, que en su momento fue un socio clave en la economía cubana, ha dejado de invertir y ha recortado la compra de productos cubanos. La promesa de un “socialismo próspero” se desvanece cuando se observa la falta de perspectivas económicas a largo plazo.
La desconfianza hacia el modelo cubano se ha ido extendiendo no solo entre los inversionistas, sino también entre los ciudadanos, quienes ven cómo las promesas de “mejorar la situación económica” bajo el liderazgo de Díaz-Canel se desvanecen sin un cambio tangible en sus vidas. Los mercados tradicionales, como el turismo, siguen sin despegar, y la industria nacional no tiene la capacidad de sustituir las importaciones ni de generar exportaciones competitivas.
La fuga masiva de jóvenes
Quizás uno de los indicadores más alarmantes de la crisis cubana sea la masiva emigración de jóvenes en busca de un futuro mejor. Según estimaciones, casi un millón de cubanos han abandonado la isla en los últimos años, principalmente hacia destinos como Estados Unidos, España, México, Panamá y Canadá.
La fuga de talento es un golpe demoledor para el futuro del país, ya que muchos de estos emigrantes son personas con educación superior, que se ven obligados a dejar atrás sus familias y sueños en busca de oportunidades que el gobierno cubano se niega a ofrecer.
El éxodo masivo es, sin duda, una señal clara de la desesperación de la población, que ya no encuentra alternativas viables dentro de Cuba. La emigración no solo empobrece el capital humano, sino que también aumenta la presión sobre los países receptores, que deben lidiar con el creciente número de refugiados cubanos.
Para muchos, el Día de Acción de Gracias se ha convertido en un recordatorio de lo que ya no pueden agradecer: la libertad, la prosperidad y la posibilidad de vivir en un entorno donde las oportunidades no sean un lujo.
Por favor, Presidente Diaz-Canel haga algo para sacar el país de esa extrema pobreza en que lo han sumergido ustedes mismos…