
Luis Gutiérrez Areces, el exiliado cubano que trasladó clandestinamente a Estados Unidos la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre venerada en Miami, murió este martes en esa ciudad a los 89 años. Su fallecimiento cierra una historia vinculada durante más de seis décadas con la fe y la identidad de la diáspora.
La imagen que protegió durante su salida de Cuba terminaría presidiendo la Ermita de la Caridad, uno de los principales centros religiosos y comunitarios de los cubanos en el sur de Florida.
Una misión secreta al salir de Cuba
La historia comenzó el 8 de septiembre de 1961, cuando Gutiérrez Areces tenía 24 años. El joven llevaba seis meses asilado en la Embajada de Panamá en La Habana y finalmente había recibido autorización para abandonar la Isla.
Antes de abordar el avión, le entregaron una maleta de lona azul. En su interior se encontraba escondida una réplica de la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba, que debía trasladar fuera del país sin que fuera descubierta.
Gutiérrez Areces aceptó la responsabilidad y protegió la imagen durante todo el trayecto. Años después, al recordar aquel momento, afirmó que tendrían que haberlo matado para arrebatársela.
La operación ocurrió en medio de la ruptura política y social provocada por la instauración del régimen comunista. Miles de cubanos comenzaban entonces un exilio marcado por la separación familiar, la pérdida de propiedades y la persecución política.
La llegada de la Virgen a Miami
Al aterrizar en Miami, Gutiérrez Areces recibió otra noticia trascendental: su hija acababa de nacer. Desde el aeropuerto se dirigió directamente al bautizo de la menor, sin separarse de la maleta que contenía la imagen.
Esa misma noche, la Virgen fue presentada ante una multitud de exiliados cubanos. Durante el encuentro se escucharon llamados a favor de la libertad de Cuba y expresiones de rechazo al comunismo.
La escena convirtió aquella llegada en un momento simbólico para una comunidad que intentaba reconstruir su vida lejos de la Isla. La imagen religiosa pasó a representar la esperanza de regresar algún día a una Cuba libre.
Con el paso de los años, la réplica quedó instalada en la Ermita de la Caridad de Miami. El santuario se convirtió en un espacio de oración, memoria y encuentro para varias generaciones de emigrados.
Un legado ligado al exilio cubano
Gutiérrez Areces permaneció ligado a esa historia durante el resto de su vida. Su nombre quedó asociado al traslado de una imagen que acompañó protestas, celebraciones religiosas y homenajes a víctimas de la represión en Cuba.
Más de seis décadas después de aquel viaje, Luis Gutiérrez Areces murió en Miami. La Virgen que llevó oculta desde La Habana permanece en la ciudad como testimonio de su misión y del vínculo espiritual de los exiliados con Cuba.