
Juani Santos, reconocido como el primer hombre trans en Cuba que accedió a una cirugía de readecuación genital con financiamiento estatal, murió a los 76 años, según informó Francisco Rodríguez Cruz, vicepresidente de la Unión de Periodistas de Cuba.
Mediante un mensaje publicado en Facebook, el también activista del colectivo LGBTI recordó a Juani como un hombre trabajador, sencillo y sabio.
En su mensaje destacó la fuerza y la bondad del matancero, quien durante décadas enfrentó obstáculos sociales, familiares e institucionales antes de lograr la operación que había esperado durante buena parte de su vida adulta.
Santos, natural de Matanzas, falleció después de una vida marcada por la espera, la discriminación y una larga lucha personal por el reconocimiento de su identidad.
Juani tenía 61 años cuando fue sometido a la cirugía de readecuación genital. Para entonces, habían pasado alrededor de 40 años desde que fue diagnosticado como persona transgénero.
Su caso fue presentado como parte de un cambio gradual en Cuba respecto a los derechos de las personas LGBTI, aunque ese proceso llegó tras décadas de represión, exclusión y vigilancia contra gays y personas trans.
En una entrevista concedida a CNN después de la operación, Santos explicó que desde los cinco años sabía que era un niño a pesar de haber nacido como una niña.
“No soy un extraterrestre o un delincuente”, dijo entonces desde su pequeño apartamento de dos habitaciones en Matanzas. También afirmó que era una persona que sentía y sufría como cualquier otra, y que no había elegido nacer con esa contradicción entre su cuerpo y su identidad.
La cirugía representó para él una conquista íntima y profunda. Rodríguez Cruz recordó una jornada contra la homofobia y la transfobia en la que coincidió con Juani después de la operación.
Según relató, Santos expresaba una felicidad plena al poder realizar un acto tan elemental como orinar de pie, algo que para él simbolizaba una lucha de toda la vida.
Antes de ser conocido públicamente por su historia, Juani llevaba una vida común como trabajador en una fábrica de tanques de gas Matanzas. Allí inspeccionaba recipientes de lata reciclados por fallas y compartía bromas con sus compañeros. Era descrito como un hombre de baja estatura, corpulento, con rostro arrugado y un bigote grueso.
Su historia familiar también estuvo atravesada por tensiones. Aunque sus padres lo comprendieron desde joven, su hermano mayor, Fernando Santos, llegó a quemarle la ropa cuando Juani se vestía como niño.
Con el tiempo, ambos terminaron viviendo juntos. Fernando se ocupaba de buena parte de las tareas domésticas, mientras Juani trabajaba en la fábrica y reparaba su moto en casa.
Santos también enfrentó rechazo en el ámbito laboral. La propia fábrica donde luego hizo amigos cercanos lo había rechazado inicialmente porque su apariencia no coincidía con el nombre que figuraba en su identificación.
En los años 80 logró cambiar legalmente su nombre a Juani, un paso que describió como “la mitad de la libertad” que buscaba.
La vida de Juani Santos estuvo ligada a las contradicciones del sistema cubano frente a la diversidad sexual. En los primeros años de la revolución de Fidel Castro, gays y personas trans fueron encerrados o enviados a campos de trabajo.
Incluso décadas después, todavía eran acosados por la policía. Ese historial represivo marcó a varias generaciones que no pudieron vivir públicamente su identidad sin miedo.
Años más tarde, Cuba comenzó a ofrecer operaciones de cambio de sexo, con financiamiento y especialistas médicos procedentes de Bélgica, país con vínculos previos con la isla en esa área médica. Juani estuvo entre los primeros 15 pacientes transgénero operados.
En el plano personal, Santos reconoció que uno de los momentos más difíciles de su vida ocurrió cuando una mujer se enamoró de él. Contó que tuvo que explicarle quién era. Al principio, ella lo aceptó, pero después de seis meses su familia la convenció de dejarlo.
Desde entonces, según relató, no volvió a tener una relación con otra mujer. Cuando le preguntaron qué esperaba de la vida tras su operación, respondió con una sonrisa que deseaba encontrar pareja y vivir lo que le quedaba acompañado por una mujer.