
El cambio oficial del régimen autoritario del clan Ortega hay que enmarcarlo dentro de toda una serie de pasos previos que han implicado una fuerte represión que ha conllevado la encarcelación de decenas de centenares de presos políticos, asesinatos de personajes de la disidencia y la desaparición forzada de muchas personas.
Eso unido a otro éxodo poblacional obligado por culpa de esa tiranía comunista tan peligrosa. Sin embargo, aunque todo parece muy claro a simple vista, durante estos años ha habido quien ha blanqueado por intereses oscuros esta falsa democracia que imperaba en Nicaragua.
Por lo tanto, el hecho de que Daniel Ortega anunciara que ya no habrá elecciones en Nicaragua no nos sorprende a los que llevamos años denunciando esa dictadura encubierta en la que se llama “presidente” a Daniel Ortega.
Precisamente, hará un año y poco más, tuve un encuentro con otros colegas periodistas de Nicaragua que me comentaron de primera mano cómo se había dinamitado la libertad de expresión y la libertad de prensa en ese país por órdenes claramente totalitarias, acabando así con la libertad esencial para que exista realmente democracia.
La diferencia es que ahora, tras todas esas medidas autocráticas y forzosas, el régimen orteguista ha decidido dar un paso al frente ciertamente decisivo, siendo por primera vez muy transparente al declarar Nicaragua como dictadura comunista ante los ojos de la comunidad internacional. Hechos muy preocupantes y que, sin duda, cambian una vez más el tablero geopolítico mundial.