
El político español, Pablo Iglesias, anunció este martes que abandona la política, después de una apabullante derrota en las elecciones de la Comunidad de Madrid, a las que se presentó como candidato a la presidencia con la izquierdista Unidas Podemos.
“Dejo todos mis cargos. Dejo la política, entendida como política de partido, como política institucional”, manifestó Iglesias tras conocerse los resultados de los comicios, celebrados entre un ambiente de alta crispación y en clave nacional.
El líder del partido Unidas Podemos dejó su puesto en la Cámara a la que entró en enero de 2016 en medio de una gran expectación y en un clima político muy diferente al actual.
Desde entonces han pasado cuatro legislaturas, tres elecciones generales, tres mociones de censura y un año de Gobierno de coalición, hasta poner fin a una andadura que el propio Pablo Iglesias ha asegurado que no se va a repetir a corto plazo: abandona el Congreso para ser candidato en la Comunidad de Madrid y no se plantea regresar.
Iglesias, que presumió de haber logrado acabar con el bipartidismo en España, dejó su cargo como número dos del gobierno para presentarse a las elecciones regionales madrileñas, en las que solo obtuvo el 7,2% de los votos.
En dichas elecciones la actual presidenta y candidata por el Partido Popular (PP, centro-derecha), Isabel Díaz Ayuso, obtuvo una contundente victoria.
El PP consiguió 65 escaños, 35 más de los que tenía hasta ahora, con más del 99% de los votos escrutados.
El partido de la izquierda que más apoyo recibió fue Más Madrid, que adelantó al Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en votos.
El partido de ultraderecha Vox se alzó como la cuarta fuerza en la comunidad, con 13 escaños, uno más que hace dos años, y por delante de Unidas Podemos, que acabó con 10 (tres más que en las elecciones pasadas).
Las elecciones a la Comunidad de Madrid registraron una participación histórica y se vivieron en clave nacional, con múltiples análisis y discursos centrados en las repercusiones para el gobierno central.
También se celebraron en un ambiente inédito: entre amenazas de muertes a candidatos políticos y figuras del Ejecutivo español, más de 10 años después del desmantelamiento de la banda armada ETA.