
Las nuevas normas aduaneras de Cuba, vigentes a partir del 12 de octubre, permitirán que las personas naturales importen mercancías con carácter comercial, siempre que formalicen el despacho correspondiente y paguen los aranceles establecidos en dólares, un cambio que flexibiliza restricciones mantenidas durante años sobre este tipo de operaciones.
Hasta ahora, los viajeros y destinatarios de envíos estaban sujetos a límites definidos para las importaciones consideradas no comerciales. Cuando la cantidad, naturaleza o variedad de los productos llevaba a la Aduana a presumir un propósito comercial, la entrada de esas mercancías podía ser rechazada.
Según confirmó Periódico Cubano a partir de el Decreto-Ley 132/2026, la Resolución 197/2026 del Ministerio de Finanzas y Precios y la Resolución 340/2026 de la Aduana General de la República, el nuevo esquema abre una vía para que esas mercancías sean formalizadas legalmente. Para ello, el importador deberá realizar un despacho aduanero y asumir los impuestos correspondientes.
Mercancías que superen los límites ya no quedarían automáticamente excluidas
La modificación significa que una persona natural podrá presentar ante la Aduana productos que excedan los límites habituales de la importación no comercial o que, por sus características, sean considerados destinados a la venta.
La autorización, sin embargo, no supone una eliminación de controles. Los interesados deberán cumplir los procedimientos establecidos y pagar aranceles en divisas, un requisito que podría limitar el acceso para quienes reciben ingresos principalmente en pesos cubanos.
El cambio constituye otra flexibilización dentro de un sistema económico que durante décadas restringió la actividad privada, la importación comercial y la participación de particulares en áreas reservadas casi exclusivamente al Estado.
Cubanos cuestionan años de restricciones
La publicación de la medida en medios oficiales generó críticas de usuarios en redes sociales. Varios comentarios cuestionaron por qué determinadas actividades prohibidas durante años pasan ahora a ser aceptadas por las propias autoridades.
Nelson Emilio Martín ironizó sobre el argumento oficial del embargo estadounidense al preguntar: “¿EEUU tenía esas medidas? ¿Ya se acabó el bloqueo?”. Arturo Alejandro Bas Martínez expresó una idea similar y planteó si Cuba avanzaba hacia una variante del modelo económico chino.
Otros usuarios utilizaron la expresión “bloqueo interno” para referirse a las regulaciones impuestas por el propio gobierno cubano. Alejandro Gamboa Vallejo pidió eliminar primero las restricciones nacionales antes de responsabilizar exclusivamente a Washington por los problemas económicos.
Carlos Camilo cuestionó los años de prohibiciones y reclamó que las autoridades asuman responsabilidad por decisiones anteriores. Jan Pérez calificó la medida como la eliminación de “otro bloqueo interno”.
Las reacciones corresponden a comentarios individuales publicados en redes sociales y no constituyen una medición representativa de la opinión pública. Sin embargo, reflejan una crítica recurrente entre cubanos que atribuyen parte de las limitaciones económicas a políticas internas.
La flexibilización llega en medio de una profunda crisis de abastecimiento, inflación y deterioro del poder adquisitivo. Aunque amplía las posibilidades de importación, queda por conocer su impacto real, especialmente por la obligación de pagar los aranceles en dólares.
Esta aparente apertura también deja varias preguntas sin respuesta
Si durante años las autoridades cubanas consideraron problemático que una persona natural importara mercancías con fines comerciales, ¿qué cambió ahora para que esa actividad pueda autorizarse mediante el pago de aranceles? ¿Por qué una práctica antes restringida pasa a ser aceptable precisamente cuando el país atraviesa una grave escasez de productos y el Estado no logra cubrir la demanda interna?
También surge otra interrogante: ¿se trata de una reforma económica estructural o de una flexibilización temporal motivada por la crisis? La medida amplía el margen de actuación de los particulares, pero mantiene al Estado como árbitro del proceso y condiciona la importación al pago en dólares.
Por eso, más que el anuncio inicial, será clave conocer si las autoridades permitirán que estas importaciones crezcan de forma sostenida o si volverán a limitarse cuando el mercado privado gane mayor peso.