
Un artículo publicado en el respetado portal The Hill, que cubre los acontecimientos en el Capitolio de Estados Unidos, advierte que Cuba se acerca a un colapso silencioso, comparable al de Venezuela, por apagones masivos, una moneda desplomada y la migración de profesionales.
El texto, firmado por el periodista Daniel Allott, sostiene que la crisis energética, la caída del turismo y el derrumbe azucarero reflejan un deterioro estructural. El análisis alerta de consecuencias para EEUU si el Estado fallido se consolida a 90 millas de Florida.
La pieza señala que el 10 de septiembre el sistema eléctrico nacional volvió a fallar, dejando a casi 10 millones de personas sin luz. Fue el cuarto apagón nacional en menos de un año y uno más en una cadena de cortes que ya suma una docena en 14 meses. Las autoridades culpan a la maquinaria. Los cubanos culpan al sistema.
El artículo describe una red de generación corroída, dependiente de remiendos y de crudo de alto azufre. Con las sanciones a Nicolás Maduro, los envíos de combustible desde Venezuela —sostén de la economía cubana durante dos décadas— se han vuelto erráticos. A veces caen por debajo de 10.000 barriles diarios y luego rebotan. Rusia y México mandan cargas de emergencia, pero sin estabilidad. Sin suministro constante, las plantas se paran y las noches se vuelven insoportables.
La contracción del combustible impacta la vida diaria. En algunos pueblos se cocina con velas, se cargan teléfonos en el trabajo y muchos duermen en azoteas para escapar del calor. La escasez de gasolina y su precio castigan al transporte. Bicicletas y coches de caballo vuelven a zonas rurales.
La moneda se hunde cerca de 450 pesos por dólar en el mercado informal, su peor registro. Los salarios estatales rondan los 20 dólares al tipo informal, muy por debajo del costo de vida. Tiendas exigen divisas que la mayoría no puede ganar. Se consolida una economía de dos velocidades, calcada de la dolarización de Venezuela, donde el acceso a dólares define quién come mejor y quién no.
El turismo, motor económico de la Isla, se contrajo a menos de la mitad en una década. Incluso barrios de clase media en La Habana sufren apagones, estantes vacíos y más delitos menores. La precariedad alcanza a la canasta básica y a los servicios públicos que el discurso oficial aún vende como logros.
La zafra de este año apunta a menos de 200.000 toneladas, el nivel más bajo desde el siglo XIX. En los años ochenta se superaban los 8 millones. Actualmente, el país importa azúcar cruda. El colapso redujo exportaciones, debilitó el peso y dejó sin empleo a miles de trabajadores agrícolas.
El éxodo agrava todo. En cuatro años se habrían ido cerca de dos millones de personas, casi 20% de la población. Faltan médicos en hospitales, profesores en universidades y técnicos en los pequeños negocios. Lo que parece válvula de escape para el régimen es, en realidad, una hemorragia de capital humano.
El texto subraya que la alianza con Venezuela se deshilacha. Los envíos venezolanos a Cuba habrían caído de unos 56.000 barriles diarios en 2023 a apenas 8.000 en junio de 2025. La retórica de “revoluciones hermanas” ya no basta para sostener economías exhaustas. Dos gobiernos se apuntalan con fuerzas menguantes.
La represión sustituye al consenso. Periodistas independientes y críticos enfrentan cárcel y acoso. Programas emblemáticos, como educación y salud, son cascarones vacíos: escuelas sin maestros y hospitales sin medicinas. La consigna de “Continuidad” se traduce en parálisis.
El artículo advierte que Washington vuelve a mirar el Caribe en clave de seguridad. Buques estadounidenses patrullan frente a Venezuela y han destruido embarcaciones sospechosas de narcotráfico. El opositor cubano Óscar Biscet afirma que ambos regímenes se sostienen en corrupción y crimen transnacional, y acusa a La Habana de ocupar estructuras en Caracas para exportar represión y facilitar el tráfico de drogas hacia EEUU.
Aun así, el autor reconoce diferencias. La disciplina de las fuerzas de seguridad, el ingreso por remesas y turismo, y la emigración que despresuriza tensiones han permitido al Partido Comunista de Cuba (PCC) sobrevivir a múltiples shocks.
Pero los signos de alarma son visibles: la luz titubea, el peso se devalúa, los ingenios callan y los jóvenes se van. Un Estado fallido a 90 millas de Florida abriría nuevas olas migratorias, daría margen a potencias rivales e interpelaría la respuesta de EEUU. Cuba ya no es una excepción: es la próxima sirena de emergencia en el hemisferio.