
El 25 de enero de 2026, en La Habana, una ceremonia religiosa convocó a sacerdotes y sacerdotisas de la santería cubana, en medio de estos días de dura crisis en la Isla.
Al parecer, lo que los reúne no es más que un objetivo común de pedir por la paz, armonía y sanación espiritual en un contexto de creciente crisis económica y tensiones políticas entre Cuba y Estados Unidos.
A través de ofrendas, cantos y rituales, los santeros se unieron en un clamor por la estabilidad en un año que comenzó con incertidumbre y dificultades para la isla.
En un país donde el desgaste de la vida cotidiana es palpable y la escasez de bienes básicos se agudiza, la santería se ha erigido como un refugio espiritual ante la violencia y los conflictos.
Lázaro Cuesta, uno de los líderes del evento, explicó que “a través de sacrificios y oraciones, intentamos aliviar el impacto de lo dañino” en una comunidad que enfrenta no solo dificultades materiales, sino también políticas.
Esta tradición religiosa, profundamente arraigada en Cuba, ha tomado una dimensión más relevante a medida que la situación socioeconómica se deteriora.
Los santeros no son los únicos que están atentos a los cambios que se avecinan. En paralelo, en Estados Unidos, empresas y juristas se están preparando para un posible cambio de régimen en Cuba, lo que podría generar nuevas oportunidades de negocios y demandas de indemnización.
La Ley Helms-Burton, que permite a ciudadanos estadounidenses demandar por propiedades expropiadas en Cuba tras la Revolución de 1959, ha vuelto a ser un tema central de debate. Las corporaciones buscan acumular precedentes legales para poder beneficiarse de una eventual apertura económica de la isla.
Este escenario ha provocado que figuras del ámbito corporativo y jurídico en Estados Unidos se posicionen para aprovechar cualquier eventual cambio político en Cuba, fortaleciendo las reclamaciones sobre propiedades confiscadas.
En particular, se destacan los esfuerzos de grandes corporaciones, como ExxonMobil, que buscan avanzar en litigios relacionados con activos petroleros que fueron incautados en 1960.
La tensión crece en ambos frentes
A pesar de la distancia geográfica, los movimientos en La Habana y Washington se entrelazan. Mientras los santeros invocan a sus deidades para proteger a la población y evitar el conflicto, en EEUU los actores políticos y económicos preparan el terreno para una reactivación de los litigios, buscando que las reclamaciones sobre bienes expropiados sean reconocidas por la justicia estadounidense.
Este juego de poderes, aparentemente distante, se ve reflejado en la vida cotidiana de los cubanos, que enfrentan tanto la incertidumbre política como los desafíos económicos.
La incertidumbre es la única constante en este proceso. La pregunta que queda flotando no es solo religiosa o financiera, sino temporal: ¿Qué ocurrirá primero? Si la crisis en Cuba se acelera y no se logran encontrar soluciones estructurales, los santeros seguirán invocando a los muertos, limpiando y pidiendo por la paz de la isla.
Pero, si las interpretaciones expansivas de la Ley Helms-Burton prosperan y se abren las puertas a nuevas demandas, la transición política podría llegar, con una fila de reclamantes, inversionistas y litigantes listos para capitalizar cualquier cambio.
67 años de brujeria, ocultismo, santeria y sacrificios en vano. Y creen que haciendo lo mismo van a mejorar. Increible el pacto satanico y diabolico de ese regimen.
por eso no avanzan en la vida creyendo a estos payasos que no pueden resover sus problemas y van a resolver los de los demas