
El joven creador de contenido cubano Ignacio Valdés, conocido en internet como El Chicleee, volvió a ser visto públicamente después de casi un año sin actividad en redes sociales.
Una imagen que circula en plataformas digitales lo muestra sentado en el suelo de un parque en La Habana, junto a un árbol, en lo que parece ser una postura de meditación. La fotografía despertó una oleada de comentarios entre usuarios preocupados por su bienestar.
Quién es El Chicleee y por qué importa su reaparición
El Chicle tiene 23 años y llegó a acumular cerca de 300.000 seguidores en Instagram gracias a su contenido de humor callejero, que consistía principalmente en bromas a transeúntes en espacios públicos de La Habana.
Su estética llamativa, con pelucas, lentillas rojas, uñas postizas, tatuajes y cejas rapadas, lo convirtió en un fenómeno cultural entre los jóvenes cubanos.
También incursionó en la música con un género que él mismo denomina “Hyperreparto”. Su tema más conocido, “Pasillongo”, supera el millón de reproducciones en YouTube, lo que consolidó su presencia más allá de las redes sociales.
El historial de polémicas de El Chicleee
A pesar de su popularidad, la trayectoria de El Chicleee estuvo marcada por controversias. En varias ocasiones protagonizó altercados físicos derivados de bromas en las que se burlaba de personas en la calle, incluyendo personas con discapacidad, lo que le generó una reputación negativa en parte de la comunidad digital.
El episodio más sonado ocurrió en enero de 2025, cuando realizó una broma frente a una estación policial. Según sus propias palabras, el incidente le costó caro.
En un video posterior, ofreció disculpas públicas y aclaró que su contenido no tenía intención política ni buscaba enfrentarse a ningún gobierno o sistema. En ese mismo mensaje, se negó a dar su saludo habitual a los seguidores, lo que muchos interpretaron como una señal de presión externa.
La preocupación por su salud mental crece en redes
Un par de meses después de aquel episodio, El Chicleee desapareció por completo del panorama digital. No publicó contenido, no interactuó con seguidores ni dio señales de vida en ninguna plataforma. Su silencio alimentó todo tipo de especulaciones.
Ahora, la imagen que circula es la primera prueba visual de su paradero en meses. Su aspecto físico y su postura han generado inquietud genuina entre quienes lo seguían, y el debate sobre su estado de salud mental se ha extendido rápidamente por grupos y foros del ecosistema digital cubano.
La historia de El Chicleee pone sobre la mesa una conversación que rara vez se tiene en el ámbito de los creadores de contenido hispanohablantes: el impacto que la fama repentina, las polémicas constantes y la presión pública pueden tener sobre la salud mental de jóvenes influencers.
Su reaparición, lejos de cerrar el capítulo, abre nuevas preguntas sobre los límites del contenido viral y el precio personal que puede tener la exposición extrema en redes sociales.