
Cuba atraviesa una de las crisis más profundas de su historia reciente, y en medio de este caos, el liderazgo de Miguel Díaz-Canel está cada vez más cuestionado.
Mientras el pueblo cubano enfrenta escasez de alimentos, apagones masivos y un sistema económico colapsado, la figura del burócrata de 65 años parece convertirse en el chivo expiatorio de un régimen que lucha por sobrevivir.
En este contexto, la situación recuerda, de manera irónica, a la famosa novela Rebelión en la granja de George Orwell, donde los cerdos, que representan a los líderes del sistema comunista soviético, son capaces de cualquier cosa con tal de mantenerse en el poder.
Los actores clave del poder, encabezados por Raúl Castro y la élite militar, parecen dispuestos a hacer lo mismo: sacrificar al cerdo Díaz-Canel para preservar el régimen castrista, ganar más tiempo y ver por sus propios intereses mientras se enfrentan a las presiones de Donald Trump.
El fracaso económico y las presiones externas
La situación económica de Cuba es insostenible. Desde la caída del bloque soviético en 1991, la Isla ha dependido de subsidios externos, primero de la URSS y luego de Venezuela, para mantenerse a flote.
Pero esos apoyos han desaparecido, y la nación se encuentra ahora atrapada en una crisis económica sin precedentes. Las reformas prometidas por el gobierno de Raúl Castro y su sucesor Díaz-Canel no han logrado transformar la estructura económica centralizada, que sigue ahogando cualquier intento de crecimiento.
Estados Unidos, bajo la actual administración republicana, ha aumentado la presión sobre el régimen cubano, exigiendo cambios sustanciales para continuar con las negociaciones.
Marco Rubio, uno de los principales defensores de la libertad de su país natal, ha sido claro al señalar que Cuba necesita “gente nueva” para manejar la economía. Según el secretario de Estado, el régimen castrista ha fracasado durante décadas, y ahora que los subsidios externos han desaparecido, Cuba está “en serios aprietos”.
Trump, por su parte, ha expresado su intención de intervenir para asegurar un cambio de régimen, aunque ha matizado que su preferencia es hacerlo por medios pacíficos.
El dilema de Raúl Castro y la élite militar
Aunque las presiones externas son claras, el verdadero dilema se libra dentro de la cúpula del poder cubano. Raúl Castro y los altos mandos militares, que han mantenido el control de los recursos más importantes del país a través de su conglomerado económico GAESA, se encuentran en una encrucijada.
Saben que el régimen castrista está al borde del colapso y que la situación no puede seguir como hasta ahora. A medida que la crisis social se intensifica, con manifestaciones en las calles y un descontento generalizado, la élite gobernante se enfrenta a la difícil decisión de cómo seguir adelante.
La opción más fácil para ellos y que se vería como un gesto hacia EEUU sería despedir a Díaz-Canel, cuya larga carrera en el Partido Comunista ha estado marcada por la fidelidad a sus amos.
En este sentido, Raúl Castro y los militares parecen dispuestos a sacrificar a Díaz-Canel. Ya acumula ocho años en la presidencia y cinco como primer secretario del PCC. Podrían aplicarle una “renovación de cuadros”. Le pudieran cargar la culpa de múltiples errores cometidos.
A lo largo de los años, las figuras clave del régimen cubano han sido destituidas como fichas de ajedrez por los hermanos Castro, evidenciando una estrategia de control absoluto sobre el poder.
Personalidades como Carlos Aldana Escalante, Felipe Pérez Roque, Carlos Lage y Alejandro Gil Fernández, que alguna vez ocuparon cargos de alto perfil, fueron apartados del liderazgo sin contemplaciones, en un claro ejemplo de la naturaleza autoritaria del sistema.
Otros, como el exministro de Agricultura, Abelardo Fernández, y el líder de la agricultura, Roberto Robaina, también fueron víctimas de purgas internas, removidos por desacuerdos con la línea oficialista.
Incluso figuras como Arnaldo Ochoa, el general que fue ejecutado tras el juicio de 1989, subrayan cómo el régimen no duda en sacrificar a aquellos que ya no sirven a los intereses de la cúpula.
La decadencia del régimen alcanza su punto más bajo con Díaz-Canel
El régimen cubano, que comenzó con Fidel Castro, vivió un período de relativa estabilidad económica gracias a los subsidios de la Unión Soviética, lo que permitió a Cuba mantenerse a flote durante décadas.
Durante esa época, se recibían productos rusos y el dinero fluía gracias a la venta de la producción azucarera. El gobierno controlaba de manera centralizada los precios de los bienes esenciales, como alimentos y productos de primera necesidad, lo que aseguraba la supervivencia de un modelo económico que dependía completamente de la ayuda externa.
Con Raúl Castro al frente, se dieron algunos pasos hacia la apertura económica, como las reformas que permitieron la creación de pequeños negocios privados y la flexibilización de ciertos sectores.
Además, la relación con EEUU, durante la presidencia de Barack Obama, permitió una leve mejora en la economía cubana, abriendo el país a nuevas inversiones extranjeras y facilitando el turismo.
Con la llegada de Miguel Díaz-Canel al poder en 2018, la situación empeoró. La crisis económica se profundizó, especialmente con la pérdida de los subsidios venezolanos, lo que sumió a Cuba en una situación aún más crítica.
La inflación superó el 500% y los precios de productos esenciales como el arroz y la leche aumentaron drásticamente. Además, el mal manejo de la pandemia de COVID-19 y la creciente represión ante las protestas sociales solo agravaron la desesperación de la población.
Bajo su mandato han ocurrido huracanes, accidentes aéreos y catástrofes industriales como el incendio en el supertanquero de Matanzas
La figura de Díaz-Canel, que se presentaba como una “renovación” del sistema, ha sido fuertemente rechazada por el pueblo. A esto se suma el descontento con su esposa, Lis Cuesta, quien ha sido criticada por sus frecuentes viajes al extranjero en medio de la crisis, lo que ha alimentado aún más el rechazo popular hacia la pareja presidencial. Pronto se sabrá si serán sacrificados.