
El cubano Freddys Nuñez Estenoz, director del grupo Teatro del Viento, compartió una reflexión sobre la crisis en Cuba que se ha vuelto viral en redes sociales.
En medio de apagones que duran 22 horas diarias, el artista describe una situación de caos que afecta la vida cotidiana de la población. Su mensaje, viral en las plataformas, denuncia la inacción de un gobierno dictatorial y plantea urgentes interrogantes sobre el futuro del país.
Nuñez describe la situación de Cuba como un “infierno” cotidiano que impacta la educación, la salud y la economía. El testimonio expone la cruda realidad de una nación sumida en la penumbra, donde la falta de soluciones oficiales agrava el sufrimiento diario de sus ciudadanos.
“Qué sentido tiene que sigamos jugando el juego de que algo funciona cuando en realidad todo está hecho mierda…, NADA FUNCIONA, NADA…, solo queda el espíritu de algunos románticos que insistimos en creer que este cadáver se puede reanimar…, pero lo muerto, muerto se queda y no se puede utilizar un desfibrilador para traerlo de vuelta, lo muerto, muerto está”, expone el artista.
En el relato se citan escenas impactantes: ancianos desmayándose en colas de bancos, niños durmiendo sin la alimentación adecuada y maestros agotados sin descanso. La frase “22 horas sin electricidad cada día” resuena a lo largo del mensaje, enfatizando la normalización del desastre. Nuñez cuestiona el sentido de mantener clases y trabajar en una realidad de escasez y abandono sistemático.
“A estas alturas creo que se ha perdido la coherencia, el sentido común, la lógica, la vergüenza, el respeto por lo que fuimos como nación y lo que somos ahora…, una sociedad marchita, con niños que se pierden en montañas de basura intentando encontrar algo que estimule una sonrisa, con maestros ojerosos de no dormir, de no vivir”, añade.
Los apagones dejan a las familias sin acceso a alimentos, agua y servicios esenciales. La comunicación critica la falta de medidas efectivas y la continua publicación de notas triunfalistas que ocultan la verdadera magnitud del problema. El director de teatro pide declarar un estado de emergencia en el país.
Nuñez critica la aceptación de un destino marcado por la pérdida de dignidad, comparando la situación actual con una revolución que no cumplió sus promesas. El mensaje se extiende en un tono que mezcla denuncia y resignación. Se mencionan escenas que ilustran el deterioro social: jóvenes que planean abandonar la isla, adultos que lamentan el tiempo perdido y niños que buscan sonrisas en la adversidad.
La falta de electricidad complica intervenciones médicas y pone en jaque el bienestar de la población. Nuñez alerta sobre un sistema que prioriza intereses particulares y desprecia la vida humana.