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Revelan todo lo que podría ganar Estados Unidos si destruye al régimen de Cuba

Banderas de Cuba y los Estados Unidos.
Washington podría reducir la presencia de China, Rusia e Irán cerca de sus costas (Foto ilustrativa © Periódico Cubano)

Una intervención militar que provocara la caída del Gobierno cubano daría a Estados Unidos, ante todo, una victoria estratégica en el Caribe.

Washington podría reducir la presencia de China, Rusia e Irán cerca de sus costas, impulsar un Gobierno aliado en La Habana y abrir oportunidades para sus empresas en una economía necesitada de capital e infraestructura.

Esas son algunas de las posibles ganancias que se desprenden del análisis publicado por Bloomberg sobre las consecuencias de un eventual colapso del régimen. El artículo, sin embargo, no informa de una decisión estadounidense de invadir Cuba: examina los beneficios y riesgos de un cambio político provocado por la presión de Washington.

Tampoco existen señales públicas de una operación terrestre inminente. Ricardo Herrero, director ejecutivo de Cuba Study Group, dijo en julio que no se observaba en el Caribe una acumulación de fuerzas compatible con una invasión a gran escala, aunque consideró que acciones militares más limitadas siguen sobre la mesa.

Un golpe a China, Rusia e Irán

El beneficio más inmediato para Estados Unidos sería eliminar un Gobierno hostil situado a unos 145 kilómetros de Florida. Durante más de seis décadas, Cuba ha mantenido relaciones militares, económicas y de inteligencia con los principales adversarios internacionales de Washington.

La Administración de Donald Trump sostiene que China utiliza la isla para actividades de inteligencia y que Rusia e Irán consideran a Cuba una plataforma de influencia en el hemisferio occidental. La Habana rechaza esas acusaciones y asegura que no representa una amenaza para Estados Unidos.

Un Gobierno cubano alineado con Washington podría restringir esas operaciones, revisar los acuerdos de cooperación con Pekín y Moscú y reforzar la posición estadounidense en las rutas marítimas del Caribe. También permitiría a Estados Unidos recuperar influencia política en una región donde China ha ampliado sus inversiones, créditos y proyectos de infraestructura.

El resultado tendría además un importante valor simbólico. La desaparición del último sistema comunista de partido único del hemisferio sería presentada por la Casa Blanca como una demostración de que su política de máxima presión puede obligar a cambiar a gobiernos adversarios.

Una economía abierta a empresas estadounidenses

Otra posible ganancia sería económica, aunque no inmediata. Una transición hacia un sistema de mercado podría abrir sectores como turismo, telecomunicaciones, agricultura, construcción, transporte y energía a compañías estadounidenses actualmente limitadas por el embargo.

Cuba necesita miles de millones de dólares para modernizar su deteriorada red eléctrica. Jorge Piñón, investigador del Instituto de Energía de la Universidad de Texas, estimó durante un foro del Council on Foreign Relations que transformar el sistema mediante plantas modernas de gas natural podría costar más de US$5.000 millones.

No obstante, el principal atractivo no sería el petróleo. Cuba produce crudo pesado para parte de sus centrales, pero no posee reservas conocidas comparables con las de Venezuela. La oportunidad para Estados Unidos estaría principalmente en la reconstrucción, la provisión de tecnología y la creación de un mercado más integrado con Florida.

También existe interés en minerales estratégicos. La empresa canadiense Sherritt posee una participación del 50% en la mina cubana de Moa, productora de níquel y cobalto. Grupos respaldados por capital estadounidense compiten por controlar Sherritt, aunque cualquier acceso futuro a los yacimientos dependería de acuerdos con Cuba y de la resolución de reclamaciones de propiedad, no de una ocupación militar.

La incipiente apertura del sector privado ofrece otra señal. Empresas estadounidenses enviaron alrededor de 900.000 barriles de combustible a negocios cubanos entre febrero y mayo. Esas ventas ayudaron a restaurantes, transportistas y comercios, pero también alimentaron un mercado negro y profundizaron la desigualdad.

La victoria política de Marco Rubio

Una caída del régimen representaría igualmente un triunfo personal para el secretario de Estado, Marco Rubio. Hijo de inmigrantes cubanos y durante años una de las voces más duras contra La Habana, Rubio ha acumulado una influencia sobre la política hacia Cuba sin precedentes para un dirigente cubanoestadounidense.

Bloomberg considera que, si consiguiera encauzar una transición, Rubio podría convertirse en favorito para una futura candidatura presidencial republicana. El éxito también fortalecería al partido entre los votantes cubanoestadounidenses de Florida y permitiría a Trump atribuirse un objetivo perseguido sin éxito por sucesivos presidentes desde 1959.

Pero esas ganancias dependen de que Estados Unidos lograra construir un Gobierno estable. Una invasión podría desencadenar resistencia armada, destruir infraestructura y provocar una salida masiva de cubanos hacia Florida. La crisis migratoria podría superar al éxodo del Mariel de 1980.

El escenario más peligroso sería derribar al Gobierno sin contar con una autoridad capaz de sustituirlo. Herrero advirtió que la oposición permanece fragmentada, mientras que las fuerzas de seguridad conservan capacidad de control. Una transición también podría desembocar en otra dictadura o en un Estado fallido.

Por eso, la principal conclusión del análisis no es que Cuba represente un botín económico. La mayor ganancia para Washington sería geopolítica: reducir la influencia de sus rivales y colocar un Gobierno aliado frente a Florida. Pero, sin un plan para el día después, el costo de ocupar, reconstruir y estabilizar la isla podría superar ampliamente cualquier beneficio.

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