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Sencillamente, hambre

Crisis alimentaria en Cuba
La vejez se multiplica… y muere sin consuelo. (Foto @ Periódico Cubano)

Acababa de almorzar un plato de papas hervidas con un poco de tomate. Nada más. Caminaba rumbo a mi escuela, y por el camino me dije: “Si al menos tuviera estas papas garantizadas cada día… Estaría bien”. Pero acto seguido, me detuve en el pensamiento: ¿Por qué? ¿Por qué tener que comer lo mismo cada día? De eso hace ya más de un cuarto de siglo.

Hoy, desde la distancia y los años, veo con dolor que todo ha empeorado. La papa, aquel humilde consuelo, se ha vuelto un lujo inalcanzable. Cuando aparece fugazmente en el mercado, las colas se transforman en contiendas salvajes: gritos, forcejeos, humillación. La dignidad se evapora, la paciencia se rompe.

La visión del cubano ha sido quebrada. El hambre ha deformado el alma nacional. Ya no entendemos quiénes somos. Hambre, sí… ¡Hambre! Porque Cuba vive un suicidio colectivo donde solo unos pocos se salvan.

Nos hemos metamorfoseado en algo triste, ajeno, herido. Ya no somos aquel pueblo digno y lleno de esperanzas. La esencia cambió. Un pedazo de cada uno se ha perdido en una desesperación sin razones, en un alma errante que solo anhela escapar. La fuga es el destino.

La vejez se multiplica… y muere sin consuelo. Y la parálisis moral es ahora el metro con el que todo se mide. En el portal de lo que una vez fue mi casa, dos mujeres, sin pudor, piden cigarros a zombis que aún caminan hacia destinos sin alma.

El comunismo les ha arrebatado su futuro a los niños de Cuba. (Foto @ Periódico Cubano)

El tiempo calla. Murmura. “¿Qué nos ha pasado?”. Y el hambre, en silencio, hace sus estragos. Los niños ya no crecen igual. Somos más bajos, quizás menos inteligentes, quizás más mezquinos. El hambre nos ha marcado físicamente, espiritualmente, moralmente.

Y arriba, en los púlpitos de la mentira, los mismos gritan lo de siempre: “¡Culpa del bloqueo!”. ¿Hasta cuándo? Quedan pocos cuerdos… Pero esos pocos viven en la encrucijada: ¿Levanto el puño o bajo la cabeza? Y, tristemente, la cabeza sigue agachada… Y el puño, escondido.

Han pasado seis décadas. El comunismo no redimió al pobre: lo despojó, lo deshumanizó, lo silenció. El comunismo es muerte. Pero todavía… todavía queda esperanza. Cuba no necesita limosna. Cuba necesita justicia. Cuba necesita libertad.

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