
La Isla de la Juventud quedó prácticamente sin servicio eléctrico desde las 6:00 de la mañana de este martes, debido a la falta de combustible para generar energía y al retraso de un buque que debía abastecer al territorio.
La Empresa Eléctrica de la Isla de la Juventud informó que la afectación alcanza a todo el municipio especial. Solo se mantiene el suministro para el hospital y los sistemas encargados de bombear agua, mientras el resto de la población enfrenta una interrupción generalizada.
Como medida temporal, los circuitos fotovoltaicos A230 y A030 serán activados entre las 10:00 de la mañana y las 4:00 de la tarde. Durante ese periodo, una de las unidades generadoras continuará trabajando al 75 % de su capacidad.
La explicación oficial vuelve a apuntar a un problema que se ha repetido durante meses en Cuba: no hay suficiente combustible para mantener funcionando las plantas eléctricas. La llegada tardía del barco agravó la situación y dejó al territorio sin capacidad suficiente para garantizar un servicio continuo.
La Isla de la Juventud ya había sufrido un deterioro progresivo de su sistema eléctrico durante 2026. En febrero, la falta de combustible obligó a establecer apagones de cuatro horas.
Para finales de mayo, Rubén Campos Olmo, director general de la Unión Eléctrica, reconoció que el territorio apenas disponía de unas seis horas de electricidad al día. En julio, residentes llegaron a reportar jornadas con solo dos horas de servicio, mientras otros registros señalaron interrupciones de hasta 22 horas diarias.
El deterioro resulta especialmente significativo porque la Isla de la Juventud había sido considerada durante años uno de los territorios cubanos con mayor estabilidad en la generación eléctrica. Ahora, enfrenta una situación similar a la de otras provincias, donde los apagones prolongados se han convertido en parte de la vida cotidiana.
La falta de combustible tampoco es un problema exclusivo de ese territorio. El ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, reconoció en abril que Cuba necesita alrededor de ocho barcos de combustible cada mes para sostener la generación eléctrica y las actividades económicas. Sin embargo, entre el 8 de diciembre de 2025 y finales de abril de 2026 solo había llegado uno.
La escasez tiene consecuencias que van mucho más allá de mantener encendidos los hogares. Los cortes de electricidad paralizan fábricas, comercios, transporte y sistemas de bombeo.
Cuando la energía desaparece durante períodos prolongados, también se afecta el suministro de agua potable, la conservación de alimentos y el funcionamiento de servicios esenciales.
En la Isla de la Juventud, la decisión de mantener electricidad únicamente para el hospital y el bombeo de agua muestra cuáles son las prioridades durante la emergencia. Para el resto de los habitantes, significa pasar gran parte del día sin refrigeración, iluminación, ventiladores y otros equipos básicos.
La empresa eléctrica pidió a los residentes comprensión y disciplina ante el escenario actual, pero el problema no es nuevo ni puntual.
La sucesión de apagones desde comienzos de año muestra un deterioro sostenido de la capacidad energética del país y una dependencia cada vez mayor de la llegada de combustible desde el exterior. Mientras ese abastecimiento no se normalice, territorios como la Isla de la Juventud continuarán expuestos a cortes extremos.
La situación confirma, además, que la crisis energética cubana ya no consiste solamente en apagones programados: la falta de combustible puede dejar durante horas a poblaciones enteras sin electricidad y reducir los servicios básicos a los circuitos considerados indispensables.