
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó el martes 12 de mayo, antes de viajar a China, que Cuba “pide ayuda” y que su gobierno “va a hablar”, en un mensaje publicado en Truth Social mientras crece el debate en Washington sobre una posible acción militar contra el régimen de La Habana.
El mandatario republicano hizo la declaración antes de su encuentro con el todopoderoso Xi Jinping, primer secretario del Partido Comunista Chino y presidente vitalicio del gigante asiático.
“Ningún republicano me ha hablado jamás de Cuba, un país fracasado que solo va en una dirección: ¡hacia abajo! Cuba pide ayuda, ¡y vamos a hablar! Mientras tanto, ¡me voy a China!”, escribió Trump.
La frase dejó abierta la puerta a contactos con el régimen cubano, pero también mantuvo la presión política sobre La Habana, en medio de especulaciones sobre los próximos pasos de Washington.
El mensaje del presidente se produjo después de que sus declaraciones previas alimentaran versiones sobre una eventual operación militar contra Cuba. Trump había dicho que podría tomar Cuba casi inmediatamente, una frase que generó inquietud dentro y fuera del Partido Republicano.
Rechazo republicano a un conflicto con Cuba mientras siguen abiertos otros frentes
Aunque no existe un anuncio formal de una campaña armada contra el gobierno cubano, el comentario activó alertas entre legisladores que temen una ampliación del conflicto exterior estadounidense.
La preocupación republicana se concentra en el contexto internacional. Estados Unidos enfrenta una situación tensa con Irán, mientras intenta reabrir el estrecho de Ormuz, una ruta esencial para el comercio energético mundial.
El cierre o la afectación de esa vía ha impactado el transporte de carga, los precios internacionales de la energía y el costo de la gasolina en territorio estadounidense.
El líder de la mayoría republicana en el Senado, John Thune, dejó claro que la prioridad inmediata de Washington no es Cuba, sino Irán. Al ser consultado sobre una posible acción contra el régimen cubano, respondió que el foco actual está en “intentar abrir el Estrecho de Ormuz”. Su declaración refleja el temor de una parte del partido a dispersar recursos militares y políticos.
Entre las voces más firmes contra una intervención aparece James Lankford, senador republicano por Oklahoma. Consultado sobre si apoyaría una campaña armada contra la isla, respondió de forma directa: “No, no lo haría”.
En su lugar, defendió sanciones económicas más severas como herramienta de presión contra el régimen de La Habana, que atraviesa una crisis profunda y depende de ayudas externas para sostenerse.
Susan Collins, presidenta del Comité de Asignaciones del Senado, también rechazó una operación militar contra Cuba. Su respuesta fue un “no” cuando le preguntaron si respaldaría una acción de ese tipo.
La posición de Collins tiene peso por su papel en el manejo de fondos federales, en un momento en que una intervención implicaría costos militares y presupuestarios.
Rand Paul, senador por Kentucky y una de las figuras republicanas más críticas del intervencionismo, fue más explícito. “Quiero menos guerra, no más”, dijo.
¿A qué va Trump a China?
Trump tiene previsto reunirse con Xi Jinping en Beijing los días 14 y 15 de mayo, en una cumbre marcada por disputas comerciales, competencia tecnológica y posibles acuerdos de exportación.
La relación entre las dos mayores economías del mundo sigue afectada por aranceles, restricciones sobre chips avanzados de inteligencia artificial y la carrera por dominar sectores estratégicos.
Trump llega a esa reunión con un perfil negociador y transaccional. De acuerdo con Fox News, el mandatario busca anunciar compras chinas de productos estadounidenses, entre ellos bienes agrícolas y aviones.